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De romántica a libidinosa
Fecha: 25/05/2026, Categorías: Hetero Autor: AREIK, Fuente: CuentoRelatos
Tianci, fue siempre muy romántica y todos su actos se concentraban en ese marco sentimental. Incluso desde esa óptica era casi la única forma de seducirla. Así por lo menos, yo siempre lo hacía. En fin, una combinación un poco rara para una chica bastante alta, que sin tener cara tipo “tapa de revista”, pero de cuerpo exuberante y abundante en redondeles y que poseía un físico casi escultural, gustaba usar ropas formales pero llamativas y ropa interior muy sexy. Había notado que en alguna de nuestras charlas ella preguntaba e indagaba bastante sobre alguna experiencia mía algo subida de tono. Siempre preguntando y nunca relatando sobre alguna experiencia suya. Para esto, yo le había contado ya, algo superficial de una que otra experiencia, dándole una idea de mi libido, pero sin explayarme en detalles. Y si la presionaba para que cuente algo suyo, respondía con muy hábiles evasivas. Solo pude extraerle dos frases del tipo “No me puedo quejar… he tenido buenos amantes” o “Las mujeres también tenemos nuestras fantasías”. Lo cual me hacía dudar, si existiría en ella un lado algo mórbido que no se animaba a expresar o mostrar o si sería del tipo de mujer de esa algo mítica fantasía que tenemos los hombres “de la mujer que es una dama en sociedad y a la vez muy puta en la cama”. Sin embargo, su predominante plano romántico, me complicaba bastante a la hora de intentar algo distinto o con más creatividad erótica. Nuestras relaciones y lugares habían sido hasta el momento ...
... del tipo convencional. Ella también hablaba de haberse hecho respetar por sus dos novios anteriores, como así también la casa de su madre o su oficina privada. La simpleza de nuestro sexo hasta el momento me animó a intentar algunos cambios en su conducta semi-santa. Quedé para esa noche en pasarla a buscar por su oficina luego que atendiera a su último cliente. Llevé una pizza y cenamos allí dentro. Era de noche, pero de pleno verano y el calor que reinaba era extenuante. En un momento dado la conversación comenzó a diluirse y diciéndole solo… “Tengo calor, subiré a la terraza” la dejé allí sin esperar su respuesta. Me quedé a mitad de terraza, la que estaba rodeada de unas paredes de 1,50 m de altura en el fondo y laterales y una barandilla de hierros verticales algo más baja en el frente, desde donde se podían observar los edificios de uno o dos pisos menos de la acera de enfrente. Unos veinte minutos después subió preguntando si me sentía bien o estaba enojado con ella. No le respondí y me dirigí hacia el frente apoyándome sobre la barandilla y observando las casas más bajas y la enorme luna llena en el cielo. Se coloco a mi lado abrazándome por mi lateral. Respondí besándola y acariciando sus muslos y glúteos, notando en segundos por la intensidad de sus besos y la temperatura de sus labios, que mi semi indiferencia y mis caricias la estaban excitando notablemente. Acaricié sus hombros mordisqueando su cuello y los lóbulos de sus orejas, aumentando su calentura. ...