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La Putita Secreta
Fecha: 26/05/2026, Categorías: Incesto Autor: Isabella, Fuente: TodoRelatos
Hacía bastante tiempo que no lo veía por casa.Y su sola presencia encendía algo en mí. Volvía después de meses. Había estado jugando al fútbol profesional en el exterior, y ahora venía a pasar unos días con la familia, como siempre. En realidad, como casi siempre. Porque esta vez era distinto. Esta vez, después de lo que había pasado entre nosotros, nada era igual. El motivo oficial era un asado de bienvenida. Mi papá —abogado de renombre— y Mi mamá –Medica prestigiosa– siempre nos criaron de manera dura, distante y fría.Cuando éramos chicos, Papá estaba lejos semanas enteras de casa. Con mi hermano dormíamos en camas separadas, pero nos despertamos juntos.Nos criamos bajo los mandatos de una familia católica, de clase media alta, donde todo lo que se hace se hace con discreción, y lo que se desea… mejor se calla. Colegio religioso, normas claras, emociones en voz baja. Pero el cuerpo… el cuerpo hablaba en otro idioma. Cuando lo vi parado en la puerta esa tarde, mi mente me traicionó. Recordé sus besos. El olor de su piel transpirada. Sus manos apretando mis nalgas mientras gemía entre dientes. Era verdad lo que dicen: lo prohibido se disfruta más. Él era el hombre ideal para cualquier mujer que se creyera decente: alto, morocho, cuerpo entrenado de atleta, sonrisa segura, y ese bulto que se marcaba descaradamente debajo del short cuando volvía de entrenar. Yo solía mirarlo escondida desde la escalera. Jugaba a que no pasaba nada. Pero me mojaba al verlo abrir ...
... la heladera sin remera. Éramos casi de la misma edad. Y cuando el deseo empezó a crecer en mí, también crecía en él. Nos mirábamos sin querer. Nos tocábamos en juegos tontos. Una vez, en plena madrugada, pasó lo que no debería haber pasado. Y nadie de la familia lo supo nunca. Ahora estaba de vuelta. Y yo, fingiendo normalidad, me sentaba a la mesa como si no recordara sus dedos entre mis piernas. Lo miré. Me miró. Y supe que esa noche… el fuego iba a volver a arder. La casa estaba llena, pero yo solo podía pensar en él. Esa noche, después de la cena, todos se fueron a dormir. Yo me quedé dando vueltas por el pasillo, descalza, con el corazón como un tambor. Escuché el agua. La puerta del baño estaba apenas entornada. El vapor salía como un susurro caliente. Me acerqué. Y lo vi. Estaba desnudo. El cuerpo húmedo, ancho, perfecto. El agua le caía sobre la nuca, le recorría la espalda, le mojaba el culo como si lo estuviera acariciando, sentía mis manos calientes. Conocía la textura de aquel culo, la última vez lo había apretado tan fuerte que se le habían clavado mis uñas en el. Mi mano se metió dentro de mi tanga sin pensar. Solo un roce. Estaba empapada. Y él... Se acariciaba la pija, pasaba el jabón sobre ella mientras se le ponía dura. Me recordó a cuando era adolecente y lo espiaba mirando porno en aquellas madrugadas de verano. Se acariciaba con la calma de los que saben que están siendo observados. Se la meneaba ...