1. Otra pareja cualquiera


    Fecha: 28/05/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: LIDIA, Fuente: TodoRelatos

    CAP I
    
    Gabriel llegó a casa ese viernes, con el cuerpo cargado de cansancio tras una semana larga en la oficina. Al abrir la puerta, le envolvió enseguida el olor denso a tabaco y el murmullo de la televisión encendida. En el sofá, Soraya estaba recostada con el mando en una mano y un cigarrillo a medio consumir en la otra, mirándolo con una sonrisa deliciosa. Llevaba puesto un top fucsia demasiado ajustado, que contenía sus pechos con esfuerzo, y unas braguitas blancas de algodón donde su vientre se desbordaba ligeramente sobre la goma. Aquella curva, tan natural y descarada, siempre desarmaba a Gabriel, que sintió un nudo caliente en la garganta al contemplarla. Soraya alzó dos dedos con un gesto natural para ella.
    
    —Ven aquí —ordenó, sin molestarse en saludarlo. Él se acercó despacio, relamiéndose, hipnotizado por la imagen de su cuerpo poderoso y relajado. Ella ladeó la cabeza con aire despreocupado, permitiéndole inclinarse a besarle los labios, tibios y con un regusto a nicotina. Cuando se apartó, él no pudo contener la mirada golosa hacia su pecho, casi reventando el top, y al vientre que temblaba suavemente con cada respiración. Soraya arqueó una ceja, captando su fijación.
    
    —¿Te gusta cómo me veo, cosita? —Sí, mucho —admitió Gabriel, con la voz temblorosa. Ella soltó una risa breve, burlona, exhalando el humo. —Entonces desnúdate. No quiero verte vestido en mi salón. Gabriel obedeció sin rechistar, desnudándose por completo, quedando expuesto, con la piel ...
    ... erizada de deseo y nervios.
    
    —¿No quieres que haga las tareas de casa primero? —se atrevió a preguntar, buscando algo de normalidad. Soraya alargó la pierna y le ofreció el pie desnudo, con las uñas pintadas de rojo, a la altura de su cara.
    
    —Las tareas pueden esperar —dijo con frialdad—. Arrodíllate y lámeme el pie.
    
    El joven se dejó caer de rodillas, inclinando la cabeza para besar primero el empeine, y luego deslizó la lengua con delicadeza desde el talón hasta los dedos, saboreando el leve sudor y el aroma a calle que la envolvía. Soraya suspiró con satisfacción, acariciando su cabello.
    
    —Tócate la pichita —ordenó con un murmullo venenoso—. Mastúrbate y dime que eres un puto cerdo. Gabriel enrojeció, pero obedeció, llevándose la mano al sexo mientras lamía el pie de su ama.
    
    —Soy… soy un puto cerdo…
    
    —Más alto —le exigió Soraya, clavándole el talón contra el hombro.
    
    —¡Soy un puto cerdo! —gritó él, derrotado y excitado a la vez. Ella sonrió con una mueca triunfal y, con toda naturalidad, se bajó las bragas, se sentó ofreciendo su sexo carnoso y húmedo.
    
    —Perfecto. Échame toda tu porquería aquí —dijo con absoluta calma—. Y luego me lo limpias con la lengua, ¿si, cosita?
    
    Gabriel gimió, sobrepasado, y eyaculó en varios hilos calientes sobre el pubis de Soraya. Ella abrió más las piernas, contemplando con placer la mancha blanca resbalando por su coño, y luego lo señaló con un gesto imperioso.
    
    —Límpialo. Todo. Gabriel hundió la boca entre sus labios, ...
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