-
El masaje que acabó en doble servicio
Fecha: 29/05/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaTrasera, Fuente: TodoRelatos
(Una confesión más que un relato. Basado en hechos reales). Todo empezó con un anuncio en una web de masajes eróticos. Una foto sugerente, la promesa de un “masaje tántrico inolvidable” y un nombre: Ari. Cuerpo de infarto, piel morena, labios carnosos, mirada traviesa… Me decidí a reservar. Llevaba semanas con el estrés por las nubes, y necesitaba desconectar. Aunque, siendo sincero, lo que más me apetecía era una buena paja con roce incluido. Llegué al piso donde atendía. Era discreto, limpio, con una luz tenue y música suave. Me recibió ella, con un pareo fino que no ocultaba sus curvas. Alta, sensual, con unas tetas firmes y un culo que parecía tallado a mano. Su voz era suave, pero había algo en ella… algo que me desconcertó. —Hola, cariño —me dijo sonriendo—. ¿Es tu primera vez en un masaje así? —Sí… la verdad que sí —respondí mientras intentaba no parecer un salido. Me condujo a la habitación. Me indicó que me quitara toda la ropa y me tumbara boca abajo. Me dejó solo unos minutos. Mientras me desnudaba, sentí esa mezcla de nervios y excitación. Tenía el rabo medio duro ya solo con su voz y la idea del contacto. Cuando volvió, llevaba solo un tanga minúsculo. Se notaba que no llevaba sujetador. Empezó a deslizar sus manos por mi espalda, usando aceites calientes. Su cuerpo se apoyaba sobre mí, sus tetas me rozaban la espalda… y su respiración en mi oído me ponía a mil. —Estás muy tenso, cielo… —susurró. —Normal, con semejante masajista ...
... encima. Se rió, con una risa baja y provocadora. Bajó por mi espalda, mis nalgas, mis muslos. Y entonces noté algo. Una presión suave, entre mis piernas. Algo que colgaba. Me quedé paralizado. ¿Era lo que yo creía? Me giré un poco para mirarla, confuso. Ella me miró directamente a los ojos, sin dejar de masajearme. —¿No viste todo el anuncio? —preguntó, sin perder la calma—. Soy Ari… y tengo sorpresa. Soy trans. Pero si quieres que pare, lo entiendo. Me quedé callado unos segundos. Tenía el corazón acelerado, no sabía qué decir. Pero mi polla hablaba por mí: estaba dura como una roca. —Sigue —dije, tragando saliva. Ella sonrió de lado. Se acercó a mi oído. —Entonces te voy a dar un masaje que no vas a olvidar, cariño. Se deslizó sobre mí, su cuerpo caliente contra el mío. Sus manos bajaron a mi rabo, lo acarició con firmeza, con técnica. Empezó a darme una paja lenta, mientras sus tetas se restregaban contra mi espalda. Luego me pidió que me girara. Obedecí. Ahí estaba ella, desnuda ya. Con una polla grande, semi dura, que colgaba entre sus piernas. Se la tocó con una mano mientras me miraba. —¿Puedo usarla también? —me preguntó con tono travieso. No contesté con palabras. Le agarré el culo y la acerqué a mí. Empezó a masturbarme con ambos aceites, usando sus tetas, su polla rozando la mía. Fue como una danza lenta y caliente. Se arrodilló entre mis piernas y me la chupó. Sin prisas. Con maestría. Se la metía entera, me lamía los huevos, me ...