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El masaje que acabó en doble servicio
Fecha: 29/05/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaTrasera, Fuente: TodoRelatos
... escupía en la punta. Yo me retorcía de gusto. No había nada dulce en lo que hacía: era puro porno. —Quiero que te corras —dijo—, pero no así. Quiero que nos corramos juntos. Se tumbó a mi lado, cogió mi mano y la puso sobre su polla. —Tócala. ¿Ves lo dura que está? Tú me has puesto así, cielo. Nos empezamos a pajear mutuamente. Yo la miraba fijamente mientras le sobaba el rabo, ella me miraba mordiéndose el labio, con su mano cerrada fuerte alrededor del mío. Aceite, sudor, gemidos. Me tumbé sobre ella, nuestros rabos chocaban. Empezamos a frotarnos piel contra piel, más rápido. Ella jadeaba, su cuerpo temblaba. Me miró con los ojos medio cerrados y dijo: —Córrete conmigo, nene… córrete encima de mí… Y eso hicimos. Al mismo tiempo. Su leche caliente me salpicó el abdomen. La mía le llenó el pecho y parte de la cara. Quedamos empapados, exhaustos, respirando fuerte. Se quedó a mi lado, acariciándome el pecho. —Te dije que sería inolvidable —susurró. Yo solo pude reírme y asentir. Nunca un masaje había acabado así. Y la verdad… no me importaría repetir. ⸻ Nos quedamos en silencio unos minutos. Me acariciaba el pelo, despacio. Su cuerpo, todavía caliente, rozaba el mío. Yo tenía la polla medio blanda, pero mi cabeza iba a mil. La curiosidad, el morbo, la excitación… todo seguía encendido. —¿Quieres ducharte? —me preguntó—. O… ¿quieres seguir? La miré sin dudar. —¿Tú quieres? —Aún no me he corrido dentro de nadie hoy… —dijo, ...
... mordiéndose el labio. Me quedé en blanco. Su tono fue como una descarga eléctrica directa al culo. —¿Te apetece que te folle un poquito? —insistió—. No tienes que hacer nada. Solo dejarte llevar. Me puse nervioso. Nunca me habían follado. Pero el morbo me invadía. La tenía delante, empalmada, con aceite por todo el cuerpo, mirándome con hambre. —No lo he hecho nunca —admití. —Entonces mejor. Voy a estrenarte —susurró, acercándose—. Despacio. Te va a gustar. Me besó. Lento al principio, luego con más lengua. Su rabo se frotaba contra el mío, duro, palpitante. Me tumbó boca abajo otra vez. Volvió a derramar aceite sobre mi espalda, mis nalgas, mis muslos. Notaba cómo se excitaba más al verme ahí, ofrecido. Me abrió con suavidad. Primero sus dedos, aceitados, jugando entre mis nalgas, explorando. Luego uno se coló dentro. Me estremecí. Era extraño, pero placentero. Fue paciente, me trabajó con los dedos hasta que yo gemía bajito. —Así me gusta… relajado —dijo, y se colocó entre mis piernas. Sentí la punta de su polla rozar mi agujero. Empujó con lentitud. Entró solo un poco. Me apreté los dientes, pero no dolía tanto como pensaba. Más que dolor, era intensidad. —Respira, cariño… solo la puntita… eso es… Y entró más. Poco a poco. Me abría, me llenaba. Su respiración estaba agitada. Yo jadeaba, entre placer y tensión. Cuando la tuve entera dentro, ella se inclinó sobre mí, sus tetas contra mi espalda, su polla enterrada hasta el fondo. —Ya está dentro. ...