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Sexo en la ciudad de la furia
Fecha: 30/05/2026, Categorías: Hetero Autor: MeyLicha, Fuente: CuentoRelatos
... dos. Llegamos, y apenas se cerró la puerta del cuarto, me vinieron encima las ganas. Él dejó la llave en la mesa sin mirar, y ya me tenía contra la pared. Me agarró de la cintura y me besó. Le respondí con el mismo hambre. Me apretó contra su cuerpo y me pasó una mano por debajo de la remera sin pedir permiso. Me agarró una teta. Le solté un quejido provocador. —Sos hermosa —murmuró contra mi cuello, metiéndome los dedos bajo el corpiño. —Haceme mierda —le dije mientras me sacaba la remera de un tirón. Bajó un poco y me chupó las tetas por encima del encaje. Yo le desabroché el botón del pantalón con las uñas y se lo bajé. Me mordía los pezones a propósito. Me sacó el corpiño con una mano como si supiera hacerlo con los ojos cerrados. —La concha de tu madre, qué tetas —dijo, antes de enterrarse entre ellas. Me apoyó en la cama, se arrodilló y me bajó el jean de un tirón junto con la tanga roja que quedó atrapada en mis tobillos. Me abrí de piernas. Él me miró desde abajo y se metió entre mis labios. Me lamía con hambre, con decisión. Su lengua me recorría el clítoris. Me temblaban los muslos. Le metió un dedo. Después dos. Después tres. Me sacaba gemidos sucios, calientes, mojados. —Así, más —le dije apretándole la cabeza contra mi concha. Me obedeció. La lengua me dibujaba círculos en el clítoris mientras sus dedos estaban adentro. Me arqueé y me reí, medio ebria, medio exaltada. Después se acostó, le bajé el bóxer y saqué su ...
... pija dura, gruesa y venosa. Me la metí en la boca sin preámbulo. Despacio al principio y después, cada vez más adentro. Me la tragaba entera mientras lo miraba a los ojos. Él jadeaba y me acariciaba el pelo. —Así, puta linda, tragala toda —me decía con voz rota. Yo la chupaba como si quisiera comérmela. Lo hice gemir. Luego se acomodó al borde de la cama, jadeando, y se puso un forro mientras yo me ponía en cuatro. Me agarró el culo con las dos manos y me lo abrió. Me dio una nalgada que sonó fuerte. Yo gemí. —Estás re mojada, pendeja. —Metémela —le rogué por encima del hombro. Y me la metió. Toda. De una. Fuerte. Me hizo gritar. La pija se me enterró con violencia, y me sacudió el cuerpo entero. La cama crujía, pegaba contra la pared. Él me agarraba del pelo y me tiraba hacia atrás mientras me rompía con cada embestida. —Sos una puta hermosa, pendeja de mierda —me decía entre jadeos. —Más, más, sí —le suplicaba con voz ronca. Cambiamos de pose. Me subí encima y lo cabalgué con ritmo, sintiendo cómo su verga me llenaba la concha. Él me agarraba las tetas con bronca, me las apretaba y pellizcaba los pezones. —Mirá cómo te moves, puta rica —me decía mientras me tomaba de la cintura. —Que rico, hermoso, soy toda tuya —le dije, jadeando, mientras lo montaba más fuerte. Después, me acosté boca arriba y él se puso encima otra vez. Me la metió de un solo empujón. Me taladraba. Le pasé las piernas por encima, lo clavé adentro. Él me ...