1. Pagando una deuda al hombre que más odia a mi esposo – El primer día en su casa


    Fecha: 31/05/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Desperté en la mañana del jueves, justo al día siguiente sintiendo una mezcla de culpa, impotencia, nervios… Y posiblemente un poco de intriga. Sabía que en unas horas tendría que salir a a limpiar una casa ajena como lo he hecho muchas veces desde que empezamos a tener problemas económicos. Pero la casa a la que tenía que ir ese día, era la casa de Raúl, un hombre agresivo, mujeriego y despreciable que le tiene un odio casi a muerte a mi marido y que había encontrado la manera perfecta de vengarse de él, aunque sea en secreto: usarme hasta que pudiéramos terminar de pagarle la deuda que teníamos con él.
    
    A pesar de todas las sensaciones negativas que me invadían, intenté llevar mi mañana lo más normal que pude. Me levanté, saqué la basura, le dí de comer al perro, hice de desayunar para mi familia, me despedí de abrazo y beso de cada uno de mis hijos y mientras esperaban en el carro, me despedí también de mi marido, no sin que antes me dijera: «Maribel, no me gusta la idea de que tengas que ir a limpiar la casa de ese carbón, pero gracias por hacerlo por nosotros. Cualquier cosa llámame enseguida, ¿de acuerdo?» Me limité a darle la razón y terminar de despedirme.
    
    Me di un baño como hago todas las mañanas, me puse una blusa y unos pants cómodos, tomé una bolsa grande de tela para llevar algunos artículos de limpieza y después de tomar algo de fuerza respirando profundamente, salí y caminé a la casa de Raúl. En cuanto abrió la puerta me recibió como lo esperaba… De ...
    ... manera grosera y burlona (usando una camiseta de tirantes blanca y unos shorts). «Vaya, al fin! Pensé que iba a tener que ir por usted a su casa. ¡Pásele ya!».
    
    Tan solo al cerrar la puerta se acercó y me dijo: «Bien, ahora la quiero ver en su uniforme de trabajo». Ni siquiera sé por qué, pero traté de fingir como que no sabía de qué me hablaba. Se puso atrás mío y descaradamente llevó sus manos a mis pechos apretándolos: «Sabe perfectamente de que hablo Maribel» dijo con voz maliciosa justo antes de bajar su mano y darme una fuerte nalgada diciendo «¡RÁPIDO!». Sin más opción, obedecí sus instrucciones.
    
    «Uff, no me canso de ver su cuerpo tan cachondo… Dígame, ¿ya desayunó?» preguntó. Imaginé lo que quería hacer, pero le dije que en efecto ya había desayunado. A lo que el me respondió que él también, pero que le quedaba espacio para tomar algo de leche… Llevó sus manos a mis pechos desnudos, comenzó a estrujarlos, pellizcarlos y jugar con ellos para luego acercarse y empezar a lamerlos y chuparlos como desesperado: «Mmmmmh mmmh carajo que manjar!! Mmmmmh mmmh ayer me quedé con ganas de comerme estás tetotas ufff». Sin dejar de succionar con fuerza alternando entre mis pechos, volvió a llevar sus manos a mis nalgas como el día anterior para apretarlas y nalguearlas con fuerza. Yo solo respiraba fuerte, haciendo esfuerzo para no gemir hasta que después de un par de minutos, me soltó.
    
    Con su brazo sobre mis hombros y de manera muy casual, me dirigió por toda su casa, diciendo ...
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