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Capítulo 10 - La rendición de lo no dicho
Fecha: 02/06/2026, Categorías: Lesbianas Autor: Pagina y Silencio, Fuente: TodoRelatos
Desde el instante en que se le cae la toalla, Emily queda paralizada. El tiempo se detiene. Su mente es un torbellino entre deseo, pudor, respeto y fascinación. La toalla se le cayó a Charlotte, pero junto a ella, a Emily se le cayó la defensa, la calma, la contención. Todo se derrumbó en ese instante en que la vio... como nunca antes. El mundo se detuvo en un segundo. No por una explosión. Ni por un grito. Ni siquiera por un recuerdo. Fue una toalla cayendo. Un instante mínimo, accidental, pero brutal. Charlotte, tan cerca. Charlotte, tan vulnerable. Charlotte, completamente desnuda frente a ella. Emily sintió cómo algo dentro suyo se rompía. Lo primero en sentir no fue el deseo. Fue el miedo. Luego asombro. Y después... deseo como un relámpago. Y entonces... el caos. No podía mirar. No debía. Pero lo hizo. Apenas un segundo. Y ese segundo bastó para imprimir cada curva, cada pliegue, cada destello sobre su piel en lo más profundo de su memoria. No fue un acto de posesión. Fue una revelación. Emily había visto incontables cuerpos desnudos en los últimos años, pero el de Charlotte... no era perfecto como una estatua. Era real. Humano. Hermoso. Y lo más importante: tenía vida. Y Emily no estaba preparada para eso. Sintió el estómago cerrarse. La garganta arder. El pulso en los dedos. "Gírate", se dijo. "¡Ya!", se gritó por dentro. Y lo hizo. Con torpeza. Con el pecho en llamas y las palabras ...
... atragantadas. —¡Perdón, perdón! No quería... no vi... —Su voz temblaba. Su control también. Pero por dentro, la imagen ya la devoraba. No era el cuerpo lo que la tenía temblando, era lo que representaba. Charlotte la había dejado entrar. Sin miedo. Sin barreras. Sin más protección que sus propios ojos. Y Emily no podía con eso. Se obligó a respirar. A caminar hacia la cocina. A no pensar. A servirse agua que no bebió. Porque todo en ese instante, todo... era Charlotte. El olor a vainilla de su piel. El rubor en sus mejillas. Esa mirada, apenas unos segundos antes de que la toalla cayera... como si supiera que algo más estaba a punto de suceder. Emily quiso golpear la mesa. "¡No lo pienses! ¡No lo sientas! No lo mereces." Pero su cuerpo ya no respondía a la lógica. Era deseo, sí. Pero uno que nacía del alma. Uno que dolía por lo profundo. Se ordenó con una ferocidad militar a continuar. A dejar el deseo a un lado, preparar el desayuno y avanzar. Ese desayuno lo sintió eterno. No por la compañía, sino por el remolino de sentimientos que no podía acallar. —Voy a darme una ducha rápida. No tardo. Así te llevo a tu apartamento y después al hospital —dijo, intentando sonar lo más casual posible, aunque lo que realmente necesitaba era agua urgente sobre la piel. —No te molestes más. Desde acá puedo pedir un taxi que me lleve —respondió Charlotte Eso la atravesó, pensó que por el pequeño accidente, Charlotte se sentía incómoda. Y esa idea le estancó todo lo ...