1. Curas termales.


    Fecha: 03/06/2026, Categorías: Hetero Incesto Sexo con Maduras Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    ... descubrí que duraba muchísimo más. Tal vez era justo lo que ella quería.
    
    Mire sus tetas y vi que una se movía sobre la otra, balanceándose como si fueran de jalea. Agarré una y la apreté entre mis manos. Gimió estridentemente estremeciéndose, pero me dejó hacer hasta que la vi convulsionar escondiendo su rostro en la almohada y sujetando sus tetas que se balanceaban temblorosas. Mamá se había corrido. Reposamos algunos minutos, luego de recuperar la respiración ella me dijo.
    
    —Cuando le agarres las tetas a una mujer, asegúrate de que a ella le gusta … No a todas les gusta … Si ves que le gusta, entonces haz todo lo que quieras con ella … A algunas nos gusta que nos den bofetadas en las tetas … Pero otras te mandaran a freír monos al África si se las tocas …
    
    —¿Y a ti cómo te gusta? …
    
    Me miró sonriente e intrigantemente para responderme.
    
    —Eso no se le pregunta a una madre …
    
    Desde ese día nuestra relación cambió. Nunca tuvimos un encuentro de esos apasionados que yo hubiese querido, pero continuó a explicarme cosas de la vida y del sexo, como cualquier madre hubiera hecho con su hijo pequeño.
    
    Una tarde me enseño lo que era follar a cucharita. Ella se recostó sobre un costado con las piernas ligeramente plegadas, yo del mismo modo detrás de ella. La penetré dulcemente y comencé a jugar con sus tetas, entonces comprendí que le gustaban las bofetadas a sus pechos. En otra ocasión lo hicimos a tijeras, con la piernas entrecruzadas entre ambos, me explicó que era ...
    ... para expertos y de hacerlo solo con una pareja consolidada.
    
    Fueron muchas las veces en que saltó sobre mí, montándome y empalándose ella misma en mi verga endurecida, cabalgándome como una enloquecida amazona. En esa posición era ella quien estaba al comando. Le gustaba comandar y esa era su posición favorita. Lo que más me encantaba, era su trabajo de boca entre un cambio y otro, como si temiese que se ablandara mi erección. Probablemente a una edad más anciana puede que eso suceda eso, no lo sé. También cuando se lo enfilaba dentro la panocha, lo restregaba primero contra su turgente clítoris y después lo hacía deslizar dentro. Sin duda era muy hábil y experta.
    
    Una de las últimas posiciones que me enseño fue a lo perrito. Me encantó el poder estar a cargo, aferrar sus caderas y penetrar con potencia su coño apretado. También tener bajo mis ojos ese espectacular culo suyo, era toda una experiencia estratosférica. Además, podía agarrar sus tetas para pellizcarlas y sobajearlas en las palmas de mis manos. Con tanta distracción no me resulto fácil correrme dentro de ella. Mamá se dio cuenta y se recostó para darme mayor comodidad. Tengo que resaltar que la monta desde atrás y, ojalá con un pequeño cojín o almohada bajo su vientre, llegó a ser una de mis favoritas para correrme.
    
    Cuando ya me había enseñado todas las posiciones, comenzamos a practicarlas todas sin un orden definido, hasta que llegamos a la posición elemental de yo encima de ella. Después, me llamó y me ...