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Mi jefe no sabía que tenía polla, hasta que…
Fecha: 04/06/2026, Categorías: Transexuales Autor: AnaTrasera, Fuente: TodoRelatos
No sabía si me habían llamado por mi currículum… o por mis fotos. Cuando envié mi solicitud, usé una de esas imágenes provocativas que había subido a Instagram: escote pronunciado, labios pintados, y un gesto que no dejaba claro si era una sonrisa o una invitación a correrse en mi boca. Me daba igual. Quería ese trabajo… aunque para conseguirlo tuviese que usar mi polla. La oficina estaba en una torre acristalada, de esas donde los trajes caros se pasean con arrogancia. El recepcionista apenas me miró a los ojos. Era lógico: entre mi falda corta, los tacones y mi movimiento de caderas, lo raro sería que no se fijara más abajo. —Puedes pasar. El señor Gutiérrez te está esperando —me dijo, algo nervioso. El despacho tenía vistas a media ciudad, y tras el escritorio estaba él: camisa blanca, remangada, barba de dos días y una mirada que te desnuda entera. Me hizo un gesto con la mano para que me acercara. Yo cerré la puerta sin decir nada y avancé con paso lento, como si estuviera en una pasarela. —¿Eres Laura, no? —preguntó, con esa voz ronca que se nota que manda más fuera de la oficina que dentro. —Sí, aunque me dicen Lau —respondí, cruzando las piernas al sentarme frente a él. —Bonito nombre. Se tomó un segundo para repasarme con la mirada. No se molestó en disimular. Ni yo en corregirle. Sabía exactamente lo que provocaba. Para eso me había vestido así: camisa blanca entallada, sujetador de encaje marcando pezones, y debajo… mi sorpresita bien ...
... apretada en unas braguitas de encaje negro. —Veo que tienes experiencia en atención al cliente… —murmuró mientras pasaba las hojas de mi supuesto currículum—. ¿Qué tan buena eres atendiendo? Levanté una ceja, divertida. —Depende del tipo de cliente. Él sonrió con la comisura, dejando los papeles de lado. —Imagínate que yo fuera un cliente complicado… ¿cómo me atenderías? Me mordí el labio. La tensión sexual ya se cortaba con cuchillo. Me incliné hacia adelante, cruzando las piernas despacio, dejando que su vista se perdiera entre mi escote. —¿Quieres una demostración? —susurré. Se quedó callado. Pero sus ojos lo dijeron todo. Me levanté, di la vuelta al escritorio sin que me lo pidiera, y me planté frente a él. Se echó hacia atrás en la silla, dejando las piernas abiertas. Tenía un bulto bien marcado. Con una sonrisa, me arrodillé frente a él. Empecé a desabrocharle el cinturón sin apartar la mirada. Noté cómo contenía la respiración. —¿Aquí mismo? —dije, bajándole la cremallera. Asintió, apenas moviendo la cabeza. Su polla salió dura y caliente, con las venas marcadas. Olía a deseo contenido, a ganas retenidas por demasiado tiempo. La sujeté con una mano, la acerqué a mi boca y le di un lametón lento, desde la base hasta la punta. —Mmm… deliciosa. Empecé a chuparla con ritmo lento, profundo, mojándosela con mi saliva, dejando que se escucharan los gemidos y los sonidos húmedos dentro del despacho. Él jadeaba, sujetándome del ...