1. La abuela de mi novia me pone a prueba


    Fecha: 05/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Escribiente, Fuente: CuentoRelatos

    Otro almuerzo familiar se terminaba. Al principio recuerdo que me gustaban, aunque luego de un tiempo, me daba demasiada pereza ir y almorzar en lo de mi suegra. Lo único que me convocaba es que me sentía el hombre de esa mesa. La madre de mi novia era viuda, su hermanita de dieciocho y su abuela. Admito que me gustaba contemplar la belleza genealógica de las mujeres con las cuales compartía largas jornadas.
    
    Recuerdo también sentirme como un rey. Ellas me atendían, me ponían el plato, me lo retiraban, me preparaban el café. Hacían de todo. Hasta la hermanita de mi mujer, la rebelde adolescente, no dudaba en acomodarme el cuello de la camisa si me notaba transpirado.
    
    Una tarde, luego de unas pastas de la abuela de mi novia, todas quedaron dormidas. Yo me quedé en el patio, leyendo un libro al tiempo que la brisa primaveral jugaba con mi pelo. Sentado sobre la reposera y de espaldas al salón, siento en un momento una mano, pequeña y repleta de anillos sobre mi nuca. Al voltearme, observe que era Beatriz, más conocida como “la abu”.
    
    -Qué haces acá sólito? –me dijo.
    
    -Leyendo un poco, abuela –le conteste.
    
    -Ay no me hagas reír –dijo haciendo un gesto con la mano- que tu abuela no soy.
    
    -¡Pero si me conoces hace diez años! Hasta tu marido me decía que era como un nieto más.
    
    -Roberto…-dijo con la mirada perdida- lo extraño tanto.
    
    -Imagino… los paseos, las charlas…
    
    -y las caricias –arremetió ella.
    
    -bueno. Si también, la ternura es muy importante ...
    ... –respondí nervioso.
    
    Ella otra vez se volvió a reír, al tiempo que se sacaba la remera, quedando solamente en corpiño con mi mirada clavada en sus dos enormes pechos, exageradamente caídos, pero enormes al fin y muy arrugados.
    
    -Espero que no te moleste –dijo mientras se acomodaba los pechos, dejando lucir dos enormes pezones de los cuales había tomado mi suegra en algún momento.
    
    -Para nada, esta impecable. Creo que voy a dejar de decirle abuela –dije saliendo rápido, y a la vez tirando una leve munición.
    
    Solamente se rió, mientras se recostó en la silla contigua. Dejando lugar para que el sol invadiera su piel gruesa, arrugada y por cierto bronceada, tanto que le quedaba bien con su pelo rubio tenido y siempre alisado. Ella era una señora bien, fina.
    
    Los minutos transcurrieron y el sol aumento su intensidad.
    
    -¿Cuántos grados hacen nene? –soltó de repente.
    
    Mire el celular.
    
    -33 y contando…
    
    -Déjame de joder –dijo mientras se paraba.
    
    Enojada, llevo sus manos hacia la cintura. Yo la veía desde atrás, pero en seguida me ilusione con que suceda un milagro que jamás había pedido pero que ahora lo necesitaba. De a poco se fue bajando los pantalones, quedando solo con una pequeña bombacha rosa que hacía un muy buen juego con su corpiño blanco. Sorprendido por el culo erecto, aunque arrugado y gordo, tuve una erección que se hizo imposible ocultar.
    
    Al voltearse para pedirme disculpas por haberse puesto en ropa interior, fijo sus ojos a la altura de mi pene. Yo ...
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