1. Una Noche con mi Cuñada


    Fecha: 07/06/2026, Categorías: Confesiones Autor: Adribdjz, Fuente: TodoRelatos

    Después de mi primer relato me estoy animando a contar alguna que otra historia más (todas son historias reales), a pesar de que tengo 28 años ahora mismo y que he tenido varias parejas largas, he tenido un vida sexual bastante emocionante e insólita.
    
    Ya que no me describí en el anterior lo hago un poco esta vez, mido 1,83 y siempre he tenido un cuerpo atlético ya que siempre he hecho deporte, soy moreno, con pecas salpicadas por el rostro y algunos tatuajes, ah si, además de un piercing en el pezón, un capricho de mis veintes, era mi pequeño secreto rebelde. Siempre he ligado bastante la verdad, nunca me he considerado un sex-symbol ni mucho menos pero prácticamente siempre que salía se me acercaba alguna chica, lo cuál siempre ponía celosa a alguna que otra pareja metiéndome así en algún problemilla jajajaja.
    
    Bueno a lo que vamos, hace unos años, mi vida parecía estable, pero algo faltaba. Llevaba más de tres años con Laura, mi pareja, en una relación que, aunque sólida, había caído en la rutina. Vivíamos en un piso en el centro de una ciudad extremeña que prefiero no nombrar, un lugar donde el bullicio de la ciudad nunca se apagaba. Pero esa noche, todo cambió.
    
    Era un fin de semana de verano, y mi cuñada Sara que en aquel entonces tenia 19 años, había venido a pasar unos días con nosotros. Sara era morena, como yo, con una melena negra que caía en ondas sobre sus hombros y un cuerpo que no pasaba desapercibido. Sus curvas eran generosas, especialmente sus ...
    ... pechos, que parecían desafiar la gravedad, siempre resaltados por camisetas ajustadas o vestidos que dejaban poco a la imaginación. Siempre había habido una chispa entre nosotros, miradas furtivas, bromas subidas de tono que Laura nunca notaba. Pero nunca había pasado de ahí. Hasta esa noche.
    
    Laura tenía guardia en el hospital donde trabajaba como enfermera, así que Sara y yo nos quedamos solos en el piso. Era una noche cálida, con el balcón abierto dejando entrar el aroma a azahar y el murmullo de la ciudad. Estábamos en el sofá, con una botella de vino tinto y un par de copas, viendo una película que ninguno de los dos seguía realmente. Sara llevaba un vestido negro, ligero, que se pegaba a su piel como una caricia. Cada vez que se movía, el escote dejaba entrever el borde de un sujetador de encaje.
    
    —¿No te aburres de esta rutina? —preguntó de repente, girándose hacia mí. Sus ojos oscuros brillaban con algo más que el reflejo del televisor.
    
    —¿Qué quieres decir? —respondí, aunque sabía exactamente a qué se refería. Mi corazón ya latía más rápido.
    
    —No sé. Eres joven, guapo, con ese rollo de chico malo… —Se acercó un poco, rozando mi brazo con el suyo—. No me digas que no echas de menos algo de emoción.
    
    No supe qué responder, pero mi cuerpo habló por mí. Sentí un calor subiendo por mi pecho, y el piercing en mi pezón pareció vibrar con el roce de mi camiseta. Ella lo notó, porque su mirada bajó un segundo y sonrió, traviesa.
    
    —¿Y tú? —dije, intentando recuperar el ...
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