1. Una Noche con mi Cuñada


    Fecha: 07/06/2026, Categorías: Confesiones Autor: Adribdjz, Fuente: TodoRelatos

    ... control—. ¿No tienes suficiente emoción en tu vida?
    
    Sara rió, un sonido profundo, casi felino. Se acercó más, hasta que su muslo rozó el mío. Olía a perfume dulce, mezclado con el vino.
    
    —A veces pienso en hacer algo… prohibido —susurró, y su mano se posó en mi rodilla, subiendo lentamente por mi muslo.
    
    El aire se volvió denso. Sabía que debía parar, que esto era cruzar una línea que no tenía vuelta atrás. Pero cuando sus dedos rozaron el borde de mis vaqueros, justo donde mi erección empezaba a notarse, cualquier pensamiento racional se desvaneció. Me giré hacia ella, y antes de que pudiera decir nada, sus labios estaban en los míos. El beso fue eléctrico, hambriento, con un sabor a vino y deseo que me nubló la cabeza.
    
    Nos levantamos del sofá sin decir palabra, como si hubiéramos ensayado cada movimiento. La llevé al dormitorio, el mismo donde dormía con Laura, pero en ese momento no pensé en ella. Solo veía a Sara, su vestido cayendo al suelo, revelando un cuerpo que era puro pecado. Sus tetas, grandes y firmes, se liberaron cuando se quitó el sujetador, y no pude resistirme. Me acerqué, besando su cuello, bajando hasta atrapar un pezón entre mis labios. Ella gimió, arqueando la espalda, y sus manos se enredaron en mi pelo.
    
    —Joder… —susurró, mientras yo chupaba y mordía suavemente, sintiendo cómo se endurecía bajo mi lengua.
    
    La tumbé en la cama, quitándome la camiseta. Sus ojos se detuvieron en mi pecho, en el piercing, y sonrió. “Siempre me ha puesto a ...
    ... cien”, dijo, antes de inclinarse y lamerlo, enviando una corriente directa a mi polla. No pude contenerme más. Le arranqué las bragas, dejando al descubierto su coño, ya húmedo y brillante. Me arrodillé entre sus piernas, lamiendo sus muslos primero, provocándola, hasta que mi lengua encontró su clítoris. Lo chupé con suavidad al principio, luego con más intensidad, mientras ella se retorcía, gimiendo mi nombre. Sus manos apretaban las sábanas, y cuando metí dos dedos dentro de ella, se corrió con un grito que resonó en el piso.
    
    —Fóllame ya —exigió, con la voz ronca, tirando de mí hacia arriba.
    
    Me quité los vaqueros y los bóxers en un segundo, mi polla dura como nunca. Ella se puso a cuatro patas, su culo redondo y sus tetas colgando como una invitación. La penetré de un solo movimiento, profundo, y ambos gemimos al unísono. Era apretada, caliente, y cada embestida era una mezcla de placer y culpa que me volvía loco. Cambiamos de postura, ella encima, montándome con una furia que hacía botar sus tetas en mi cara. Chupé sus pezones mientras ella se movía, su coño apretándome hasta el límite.
    
    —Quiero tu boca otra vez —dijo, jadeando, y se giró para un 69. Su lengua recorría mi polla, chupando con una mezcla de suavidad y voracidad, mientras yo lamía su coño y su culo, perdido en su sabor. No sé cuánto tiempo pasamos así, pero cuando volví a follarla, esta vez contra la pared, sus piernas alrededor de mi cintura, supe que no iba a durar mucho.
    
    —Córrete conmigo —gimió, ...