-
El Afrodisíaco (I)
Fecha: 08/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Atlas, Fuente: TodoRelatos
... sus ojos la recorrían con curiosidad aumentaba su ya creciente excitación. Aclaró su garganta, tratando de mantener la calma. —Claro, David. Pasa, no es molestia —respondió ella, abriéndole la puerta más ampliamente. David entró, su presencia llenando la pequeña entrada con una energía que Clara no había notado antes. Cerró la puerta detrás de él y lo guió hacia la cocina. —Siéntate, te traeré el azúcar —dijo, indicándole una silla. Mientras ella se movía por la cocina, sintió los ojos de David sobre ella, siguiendo cada uno de sus movimientos. Abrió el armario y sacó el tarro de azúcar, pero en lugar de simplemente entregárselo, un impulso la hizo ofrecer algo más. —¿Te gustaría tomar el café aquí? —preguntó, su voz ligeramente temblorosa. David sonrió, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y agradecimiento. —Eso suena genial, Clara. Gracias. Clara preparó otra taza de café, consciente de cada movimiento, de cada roce de la tela de la toalla contra su piel. Sentía el calor del afrodisíaco, aunque no sabía de su origen, intensificándose con cada segundo. Se sentó frente a David, tratando de actuar normal mientras su cuerpo parecía traicionarla con cada latido acelerado de su corazón. —Aquí tienes —dijo, empujando la taza hacia él. David la aceptó con gratitud, sus dedos rozando los de Clara por un breve momento. Ese pequeño contacto envió una descarga de electricidad a través de su cuerpo, haciéndola temblar ligeramente. —Gracias, ...
... Clara. Realmente lo aprecio —dijo él, llevándose la taza a los labios y tomando un sorbo. El silencio entre ellos era cargado, lleno de una tensión palpable que ambos parecían sentir, pero ninguno mencionaba. Clara lo miraba, sus ojos fijos en la forma en que sus labios se curvaban alrededor del borde de la taza, la forma en que su garganta se movía al tragar. —Así que, ¿cómo van las cosas? —preguntó David, rompiendo el silencio con una voz casual—. No hemos tenido la oportunidad de hablar mucho últimamente. Clara tomó un sorbo de su propio café, tratando de calmar los nervios que ahora se mezclaban con su creciente excitación. —Oh, ya sabes, lo usual. Trabajo, casa, y esas cosas —respondió ella, forzando una sonrisa. David asintió, sus ojos todavía fijos en los de Clara. Había algo en su mirada, algo que hacía que el calor en su cuerpo ardiera aún más intensamente. —Debe ser agotador —dijo él—. Siempre pareces tan ocupada. Clara asintió, tratando de encontrar algo más que decir. Pero su mente estaba nublada por las sensaciones que recorrían su cuerpo. Se sentía viva de una manera que no había experimentado en mucho tiempo. —Sí, a veces lo es —admitió ella, su voz más suave de lo que pretendía. David dejó su taza sobre la mesa y se inclinó ligeramente hacia ella, sus ojos brillando con una intensidad que hizo que el corazón de Clara se acelerara aún más. —Bueno, siempre estoy aquí si necesitas algo —dijo él, su voz un susurro íntimo. Clara sintió ...