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Ayuda entre hermanas (FINAL)
Fecha: 08/06/2026, Categorías: Incesto Autor: PerseoRelatos, Fuente: TodoRelatos
... —susurré, tocándole el hombro. No reaccionó al principio. Repetí el gesto, con más fuerza. Diana gruñó, se giró y me miró con los ojos chiquitos. —¿Qué pasa, enana? —murmuró, la voz desarmada por el sueño. —Escucha —dije, y me tapé la boca, porque el siguiente gemido fue aún más fuerte. Diana se incorporó en la cama. Se quedó callada, y su cara se transformó: primero el desconcierto, después la sospecha, después la certeza. Los dos sabíamos qué era eso. O mejor dicho: de quién era. No hablamos. Nos levantamos, descalzas, y salimos al pasillo. La alfombra amortiguaba los pasos, pero la tensión nos hacía flotar sobre el piso. Nos movimos como ladronas, arrastradas por una curiosidad sucia que nos consumía desde la raíz. El sonido venía del final del pasillo: el cuarto de nuestros padres. Estaba entreabierta la puerta. Luz cálida, amarilla, derramándose sobre la madera. Nos acercamos despacio, pegadas a la pared. El ruido era claro ahora. Era el jadeo de una mujer. Era el jadeo de mi mamá. No quise mirar. No. Pero no pude evitarlo. Me asomé por la rendija, y Diana hizo lo mismo, los dos rostros alineados en la frontera del crimen. Bárbara estaba montada sobre papá, completamente desnuda. Cabalgaba con un ritmo brutal, casi animal. Su pelo negro, suelto y húmedo, se pegaba a la frente y a la espalda. Las tetas, enormes, rebotaban con cada salto, con cada embestida de la pelvis contra la cadera de papá, que yacía debajo de ella como un trofeo, con las ...
... manos aferradas a sus muslos y la cara torcida en una mueca de dolor y éxtasis. Papá también estaba desnudo, claro, pero todo el cuadro era devorado por Bárbara, por la manera en que su cuerpo se movía, por el poder que tenía sobre el colchón, sobre el hombre, sobre la atmósfera. No había ni una pizca de ternura. Ni una. Era pura lujuria. Era cópula de sobrevivientes, de reos en fuga, de animales condenados a no pensar en nada más que en el presente absoluto del sexo. —No mames… —susurró Diana, casi sin voz. No pude quitar la mirada. El coño de mi madre engullía la verga de papá una y otra vez, el líquido brillaba en la base, los gemidos se amplificaban entre los muros, y el sonido húmedo de carne chocando contra carne era peor que cualquier película, peor que cualquier porno. Bárbara arqueó la espalda, empujó aún más fuerte, y de repente giró la cabeza. Nos vio. No es que sospechara: nos vio. Directo. A los ojos. Me paralicé. Diana también. Fue un instante eterno. Mamá no frenó. De hecho, intensificó el ritmo. Se mordió el labio, nos sostuvo la mirada por dos, tres saltos más, y luego la desvió. Acto seguido, se dejó caer hacia adelante, pegando el torso al pecho de papá, y empezó a sacudirse como si quisiera pulverizarlo en la cama. Era demasiado. Corrimos. Volvimos al cuarto, cerramos la puerta tras de nosotras y nos miramos en la penumbra, las dos con la cara roja, las manos temblorosas. —¿La viste? —susurré—. Nos vio. —Nos estaba esperando —dijo ...