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Mi mujer, su amiga y yo
Fecha: 09/06/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Wense, Fuente: CuentoRelatos
Acababa de llegar de trabajar y tenía unas ganas enormes de descansar, así que me puse el pijama y me eché en el sofá a ver la tele, no habían pasado ni diez minutos y estaba en el más profundo de los sueños, no había reparado ni en que aún no había llegado mi mujer, (Marta), que había salido a hacer unas compras con una amiga, (Sylvia). No pasó mucho rato cuando me pareció escucharlas entrar, tenía tal cansancio que ni me moví para saludarlas, entraron al salón y permanecí tumbado simulando que aún estaba dormido, las dos entraron entonces a otra habitación a seguir charlando, y a probarse algunas cosas que se habían comprado, desde donde yo estaba no podía verlas, pero sólo escuchar como comentaban lo bien que le quedaba esto y aquello me daban unas ganas de entrar y mirar, pero no lo hice. Como a los diez minutos salieron de nuevo y me despertó mi mujer con un beso, bueno, me dio un beso y yo hice como si despertara. ―Que pasa amor, ha venido Sylvia a cenar y a que le enseñe a preparar las toritas del desayuno. ―Hola Sylvia, ¿qué tal? ―Bien, te hemos despertado, que pena, ¿no? ―No importa, ya he echado una cabezadita, ahora estoy como nuevo. Seguimos charlando un rato y luego ellas se fueron a la cocina, yo me puse a ver la tele, y en eso estaba cuando me llamó la atención en la casa del vecino unas luces que se encendieron, miré a ver que era y pude ver como mi vecino estaba chupándole la polla a un negro, (mi vecino estaba casado, tendría unos 35 ...
... años y el negro tenía pinta de ser un chaval), llamé a mi mujer y a su amiga, y vinieron al instante, apagamos las luces para poder verlo sin que nos vieran. ―Vaya, vaya con el vecino, que desperdicio de hombre, con lo bueno que está… (Dijo Marta). ―Pues el chaval tampoco tiene mala pinta, y vaya aparato que gasta, Por Dios, ¿cuánto puede medir eso? Dijo Sylvia. ―Menos de 24 cm dije yo. ―¿Y cómo lo sabes? Me dijo Sylvia. ―Porque se la medí el otro día, dije en tono jocoso. ―Vale, vale… Estábamos haciendo comentarios cuando vimos que había otra persona en la habitación, era la mujer del vecino, que se movía por la habitación haciendo fotos con una cámara… Me estaban poniendo a mil. ―Como se lo montan los vecinos, y parecían tan inocentes, mira que hay depravados por el mundo. (dije yo). ―¿Depravados? No disimules, ya te gustaría a ti… (me dijo Sylvia) ―A mí, ¿el qué? Comer una polla de un negro, estás loca… ―No, me refiero a que te hicieran fotos y eso, vamos que también te gustaría comer una polla así, (me volvió a decir Sylvia)… ―Creo que a ti si que te gustaría, y si mi mujer me dejara te ibas a enterar de lo que es un buen rabo… ―No te pases, Ricardo, (Me dijo mi mujer) ―Déjalo, todos los tíos son así, unos fantasmas… ―¿Fantasma? Yo te aseguro que la tengo más larga y más gorda… ¿O no Marta? ―Calla, calla. Dijo Marta. A esto nuestro vecino estaba ahora compartiendo la comida de polla con su mujer, que de repente se quitó al ...