1. Mi cuñada me desea – Parte 2


    Fecha: 12/06/2026, Categorías: Dominación / BDSM Infidelidad Voyerismo Autor: MicaPaiva, Fuente: SexoSinTabues30

    ... todo el patio. La parrilla humeaba en el fondo, las luces eran tenues. La música venía desde adentro, suave, y las voces se mezclaban entre risas y cerveza.
    
    Yo estaba sentado en el medio. A mi derecha, Cinthia charlaba animadamente con su prima. A mi izquierda, Patricia. Y al lado de ella, su marido. Un cuadro familiar perfecto… por fuera.
    
    Ella llevaba una remera suelta como de costumbre, gris clara, que caía sobre su pantalón con descuido. De esas que dejan al descubierto la cintura cuando se mueven. Esa noche se movía más de lo habitual: reía, gesticulaba, se inclinaba hacia adelante. A cada tanto, nuestros brazos se rozaban.
    
    No sé en qué momento lo decidí. Quizá fue después del tercer vaso de cerveza. O cuando sentí su perfume flotando entre los dos. Lo cierto es que lo hice. Primero, leve. El dorso de mi mano tocó su cintura, como quien se acomoda en una silla estrecha. No se movió. Ni se tensó.
    
    Volví a hacerlo unos minutos después. Esta vez, con los dedos. Apoyé la yema sobre su piel expuesta, justo entre la remera y el pantalón. Sentí el calor. La suavidad. De nuevo, ...
    ... ninguna reacción. Pero tampoco se apartó.
    
    La charla seguía. Los demás reían. Yo no escuchaba nada.
    
    Mi mano quedó ahí unos segundos. Firme. Tranquila. Fingiendo estar donde no debería.
    
    Y entonces, me arriesgué un poco más.
    
    Deslicé los dedos lentamente hacia abajo, por debajo de la tela suelta. No demasiado. Solo lo justo. Sentí cómo su cuerpo respiraba distinto. Apenas. Pero lo noté.
    
    Mi mano acaricio su espalda baja. Y la deslice hasta la curva inicial de su cola, esa línea que divide el juego de la intención. Acaricié el borde, leve, como quien explora terreno prohibido sin invadir del todo. Ella seguía hablando con su marido. Sonriendo. Fingiendo.
    
    Y yo, con Cinthia al lado, la escuchaba reír sin saber que mi mano estaba posada justo donde no debía.
    
    Me detuve ahí. Solo un momento. Y volví a subir despacio, sin prisa, hasta su cintura otra vez.
    
    Ella no dijo nada. No me miró. Pero no necesitábamos palabras. El lenguaje había cambiado.
    
    Eso fue todo.
    
    Nada explícito. Nada evidente. Pero el cuerpo habla. Y el de Patricia habló.
    
    Sé lo que hice. Y sé lo que provocó. 
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