1. Follada en el metro


    Fecha: 13/06/2026, Categorías: No Consentido Autor: Gaia, Fuente: TodoRelatos

    ... vaqueros húmedos, bajados hasta la mitad, dejando al aire una parte de sí que no solía mostrar a nadie. El frío le rozaba la piel, pero no la enfriaba. Solo oía su respiración. La suya y la de él. Todo lo demás era ruido lejano, como si el mundo se hubiese alejado unos pasos para dejarles solos en un rincón de tiempo suspendido.
    
    Estaba en un limbo. Ni despierta del todo, ni perdida del todo. Atrapada en ese punto exacto donde el placer todavía late, aunque ya haya pasado. Y su cabeza —o tal vez no su cabeza, sino algo más primario— solo pedía una cosa: más. Su cuerpo lo exigía. Lo reclamaba como si no pudiera volver atrás.
    
    Llegaron a un rincón de la estación donde casi no pasaba nadie. Un pasillo lateral, mal iluminado, que olía a humedad y a abandono. Allí, contra una pared desconchada, alguien —él, tal vez otros antes— había dejado un colchón que ya había visto demasiadas vidas. El tejido estaba rasgado, manchado por el tiempo.
    
    A su alrededor, restos: ropa arrugada, periódicos viejos pegados al suelo, una botella vacía que rodó con el eco de sus pasos.
    
    Él la dejó allí con cuidado, como si ese lugar tuviera sentido. Como si el colchón, por miserable que fuera, bastase. Y ella no dijo nada.
    
    Seguía con los vaqueros bajados, la respiración aún agitada, la piel sensible al aire y al roce. Todo en su interior ardía. No sabía si por deseo, por vértigo o por pura desconexión de sí misma. Quizá por todo a la vez.
    
    Ariana quedó boca arriba, con los labios ...
    ... entreabiertos y la mirada perdida en el techo sucio de la estación. Su cerebro parecía haberse desconectado, quizá incapaz de procesar todo el placer contenido que la atravesaba como una corriente eléctrica.
    
    El hombre se inclinó sobre ella con calma, como quien sabe que cada segundo importa. Con delicadeza, le levantó la camisa que llevaba, dejando la piel al descubierto. Un instante después, bajó el sujetador, liberando sus pechos, suaves y vulnerables, expuestos bajo la luz mortecina.
    
    Ella no hizo nada para detenerlo. No quiso hacerlo. Su cuerpo seguía hablando un idioma que ella apenas entendía, entregándose sin reservas, atrapada en esa mezcla de desconcierto y deseo que la arrastraba sin remedio.
    
    Los labios del hombre se posaron sobre uno de sus pechos, cálidos y exigentes, mientras su mano izquierda amasaba el otro con firmeza y delicadeza al mismo tiempo. Lo lamió con lentitud, jugueteando con la piel, y mordisqueó el pezón que comenzaba a endurecerse otra vez, provocando un estremecimiento que recorrió todo el cuerpo de Ariana.
    
    Ella soltó un sollozo bajo, casi sin querer, una mezcla de sorpresa y placer que la sorprendió aún más. Fue entonces cuando una de sus manos, como por instinto, se deslizó hacia abajo, hacia el hueco entre sus piernas. Con un gesto casi desesperado, bajó un poco más los vaqueros y empezó a frotarse, dejándose llevar por la corriente imparable que la consumía.
    
    —— Dentro de ti hay toda una putita, pequeña. Y he tenido la suerte… —— Susurró el ...
«1234...7»