-
Mis dudas sobre Adriana (capítulo 3)
Fecha: 14/06/2026, Categorías: Grandes series, Autor: ArturoFish, Fuente: CuentoRelatos
... quería que los otros le vieran las tetas. ¿Y entonces? ¿Debía aceptar? Claro que no. Era mi mujer y no quería compartirla con nadie, aunque ¿era lo que ella deseaba? ¿Era lo que ella buscaba y lo que le gustaba? Al parecer si ¿Y quién era yo para gobernar sobre ella? ¿Para decirle lo que debía hacer o como debía vestirse? ¿Acaso ya no habíamos evolucionado y debía respetar sus espacios y sus gustos? ¿Qué podía hacer yo? ¿Dejar que luciera las tetas y el resto de su cuerpo al que quisiera verla o impedir su empoderamiento? No era mi esclava, como ella misma lo había dicho. Me quedé pensando un momento ¡Que le dieran! Si las quería mostrar que las mostrara. Ese sería su problema. Que las mostrara y dejara de joderme. Me puse a hacer mi desayuno cubierto casi por completo con esa crema que olía a mentol, parecía un bebe agripado. Mientras miraba por la ventana de nuevo vi a Sebastián y a Mauricio mirando con deseo a Adriana mientras ella hablaba con Gabriela, seguramente de mí. Lo curioso era que el espectáculo principal de la escena, las tetas de Julieta, era lo que menos me llamaba la atención en ese momento. Yo estaba más pendiente de las miradas de ese par de pillos y del contoneo provocador de mi mujer que ahora con descaro caminaba descalza por en medio de sus cabezas casi hundidas. Me quedé un momento así, con la mirada perdida. Cuando reaccioné casi me da un infarto, vi a Adriana llevándose la mano a la espalda, justo al punto en donde estaba el nudo del brasier. Y ...
... luego, me miró. Yo me quedé aterrado viéndola ¡No creía que fuera capaz de hacerlo! Pero su mirada era tan desafiante que no tuve duda que aflojaría ese trapito y se quedaría medio desnuda frente a todos. Se quedó un momento así, como esperando mi reacción, pero luego vi como separaba su mano de la espalda y lo siguiente que vi fue como estiró su mano y me hizo pistola con su dedo mientras los demás soltaban la risa a carcajadas y luego ella también rio. Yo apenas si tuve fuerzas para sentarme. ¿Por qué se había puesto tan brava de repente? ¿Acaso por mi negativa a que enseñara las tetas? O ¿acaso por los celos que le provocaba la modelo y su descaro? No la entendía, pero la verdad era que nunca la había entendido por completo, es más, ni siquiera entendía por qué me había escogido como su marido si siempre le habían llovido pretendientes mejores que yo. No sé, tal vez un desliz, una equivocación o, tal vez, solo había sido suerte de mi parte. La veía allí, feliz, tomándose su cerveza con la postura más fingida que le había visto en años, como representando ser la diosa en medio de las nubes y los que estaban abajo en la piscina, fueran los idolatras de ese tesoro. Sin duda, se estaba sintiendo en el cielo y, lo peor —que yo lo sabía muy bien— era que lo sabía y quería aprovecharse de eso. Me pasaron por la mente los mil gestos que hacía cuando quería algo: sus caras de consentida, sus mimos, sus miradas furiosas, sus movimientos de pies que me volvían loco, sus ...