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La puerta con llave - Parte 1
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: DaddyLickMe, Fuente: TodoRelatos
... Fue el sonido. Y ahora, ese sonido parece habitarla. Se detiene junto al ciprés, el más antiguo del jardín. El océano se extiende más allá del muro, respirando con lentitud. Francoise lo contempla sin mirar realmente. Está lejos. Está dentro. El mármol bajo sus pies está tibio aún. Pero hay algo que no encaja. Una rama quebrada. Pequeña, pero reciente. Y huellas. No muchas. Solo dos, tal vez tres. De tierra húmeda, sobre las lozas blancas. Como si alguien hubiera pasado sin querer dejar rastro. Francoise gira el cuerpo con lentitud. No hay viento. No hay sonido. Solo el eco de sus pasos. Levanta la vista. Su ventana. La cortina está apenas movida, como si alguien la hubiera tocado. No hay nadie. Pero lo sabe. No dice nada. No llama. No investiga. No corre. Se queda quieta. ¿Por qué? Tal vez porque no le sorprende. Tal vez porque, en el fondo, le gusta. No el acto. No la invasión. Sino la idea de ser vista. De que alguien la mire sin que ella tenga que ofrecerse. Como si su cuerpo, su presencia, pudiera ser leída sin permiso. O tal vez no. Tal vez lo deja pasar porque no tiene importancia. Porque hay cosas que se entienden sin necesidad de nombrarlas. Como el deseo. Como el miedo. Como el sonido de su nombre en boca de una desconocida. Se aleja del ciprés. No mira atrás. Pero el jardín ya no es el mismo. Francoise entró en su habitación con la lentitud de quien carga pensamientos que no quiere compartir. La luz del atardecer se filtraba entre ...
... las cortinas, tiñendo el aire de cobre y silencio. Se acercó al estante junto a la ventana y deslizó los dedos por el lomo de su diario: encuadernación artesanal, hojas de papiro cosidas a mano, el aroma tenue de tinta china aún impregnado en las páginas. Lo tomó con delicadeza, como si tocara una herida que ya no sangra pero aún duele. Se sentó en el diván, cruzó las piernas, y preparó la pluma. Escribir en griego era su ritual, su forma de protegerse. Nadie más podía leerlo. Nadie más debía. La tinta se deslizó con lentitud, como si cada palabra necesitara permiso para existir. Creo que Louis me observa. No sé. Puede que sea mi imaginación. Pero el chico está creciendo, y busca lo que tiene a mano. Yo. Espero estar equivocada. No es un juego que quiero repetir. Dejó la pluma sobre el papiro. Cerró los ojos. El silencio de la habitación no era vacío, sino contención. Como si las paredes supieran. Cerró el diario con un gesto lento, lo devolvió al estante, y se quedó de pie frente al espejo. No se miraba a sí misma, sino a la posibilidad de ser vista. Y eso, pensó, era otra forma de estar desnuda. Francoise caminaba por la casa como quien escucha los ecos de una conversación que aún no ha tenido. La villa estaba en silencio, salvo por el crujido de la madera bajo sus pies y el murmullo lejano del viento entre los cipreses. Al doblar por el pasillo que daba al invernadero, se encontró con Louis. Él estaba apoyado contra el marco de la puerta, con ese aire ...