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Mi primera infidelidad de casada
Fecha: 15/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Sus Garcia, Fuente: CuentoRelatos
¡Hola! Me llamo Susana (me dicen Susy o Sus) y esta es la primera de muchas confesiones; espero no me juzguen. Vivo al sur de la Ciudad México, tengo 40 años, vivo con uno de mis hijos (20 años), el mayor de 22 años vive con su novia en el Estado de México; soy casada desde los 18 años cuando mi novio me embarazó, pero desde hace casi dos años mi esposo vive en otro estado, ya que tuvo que mudarse por cuestiones de trabajo; viene a pasar el fin de semana cada dos meses y a veces pasa más tiempo en venir, ha tardado hasta cuatro meses sin venir, pero pues así es cuando trabajas lejos, lo bueno es que sí viene y nos sigue mandando dinero. La verdad es que desde chica fui inquieta para el sexo, desde la adolescencia sentía la necesidad de unos buenos fajes, unas buenas manoseadas y algo de sexo oral; no tardé mucho en tener sexo con novios o amigos de la escuela. Si mi novio no me atendía seguido, era muy común que buscara con quién quitarme las ganas, por eso era conocida como una de las golfas, de las putitas del barrio, pero cuando me embaracé sólo cogía con mi novio, además él también era muy cogelón. Raúl, mi esposo, es mayor que yo, cuando nos casamos yo tenía 18 y él 23, ya había acabado la carrera, y enseguida consiguió trabajo en una empresa por ayuda de su papá. Se iba desde las 6 de la mañana y volvía después de las 9 de la noche, así que estaba todo el día sola, cuando nació mi primer hijo era igual, por suerte mi mamá o mi suegra me ayudaban a cuidarlo, eso me ...
... permitió buscar trabajo y ayudar al ingreso familiar. Un día mi suegra me dijo que doña Laura y don Pepe estaban buscando quién les ayudara en su tienda y pues fui. Por suerte me dieron chance y al día siguiente empecé a trabajar en la tienda; iba de 10 a 2 y luego de 4 a 8, así que podía dejar desayunado a mi hijo, luego darle de comer y después llegar para darle de cenar, acostarlo y esperar a Raúl. En ese entonces siempre andaba de falditas o jeans súper pegados –bueno, todavía uso eso jajaja- y playeritas que resaltaran mis tetas, que además estaban más grandes que de costumbre ya que apenas había dejado de dar pecho a mi hijo, por eso varios clientes, proveedores y el propio don Pepe me comían con la mirada y siempre además de piropearme me saludaban de beso abrazándome de la cintura, a veces me rozaban las nalgas. A veces atendía sola y a veces me acompañaba doña Laura o don Pepe, sobre todo don Pepe, ya que su esposa se hacía cargo de la casa. Desde el principio me comía con la mirada, pero con el paso de los días y la convivencia fue tomando más confianza, sus piropos eran más lanzados y vulgares, era un poco incómodo, pero por otra parte siempre me ha gustado que me halaguen, que me deseen, además empezaba a necesitarlo porque Raúl ya llegaba cansado y el sexo era poco frecuente, entre una y tres veces cada dos semanas. Ya siendo mamá y esposa quería ser fiel, pero mis necesidades me estaban ganando, así que era un poco receptiva y coqueta con don Pepe; a ...