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Gracias por mi regalo de cumpleaños (mellizas)
Fecha: 17/06/2026, Categorías: Incesto Autor: luisfa60, Fuente: CuentoRelatos
... desnudo. Tamaña sorpresa me llevé al ver el tamaño de su verga; aunque no es monstruosa, sí es la más grande que he visto hasta ahora, lo que me llevó a echar mano a mi entrepierna para poder disfrutar yo también. Estaban en un beso de esos que solo salen en las películas, lo que, junto a los movimientos de sus manos, los tenía totalmente encendidos, no sé si era la calentura o el sentirse observados. De improviso lo empujó hacia la cama, sentándolo al borde, se hincó sobre el trozo de carne totalmente duro y, mirándome a los ojos, me dijo… – Mira bien, solo te lo explico una sola vez. Me lo dijo como si yo no supiera lo que es mamar una verga, pero obedecí observando en detalle cómo tomaba con ambas manos toda la extensión, llevando su lengua a recorrer cada centímetro de ella. De reojo me observaba con su mejor cara de perra. Me dirán que estoy loca, pero hasta me pareció sentir lo salino de su sabor en mi boca mientras mi hermana lo hacía brillar de saliva. Se nota que le encanta estar entre sus piernas saboreando su miembro. Mi vagina comenzó con algunas contracciones de excitación; sin dudar más de nada me entregué a la situación, despojándome también de mi ropa. Quedé tal cual ellos. Introduje el anular y medio de mi mano diestra en la encharcada vagina; mi palma hacía su trabajo contra el clítoris. Cada mirada que me hacían ambos era una hasta ahora prohibida invitación. Me recosté más en el improvisado sillón con almohadones para, ya, sin ningún ...
... tipo de inhibición, abrir ampliamente mis piernas, dejando expuesta mi vagina, la que me manoseaba tanto por dentro como por fuera, sin reprimir ni un solo gemido. Mi hermana apuró el ritmo de la mamada; a él lo vi abrir inmensamente la boca, de la que salió un largo y audible gemido. Al instante, la boca de Marianela se llenó de esperma, que a duras penas pudo retener; un poco cayó por la comisura de sus labios para reposar sobre sus blancas tetas. Me observó, se paró y lentamente caminó hacia mí. A la vez que Claudio cayó de espaldas sobre la cama observándonos, mi querida hermana no dejaba de sorprenderme; me dio un beso en la boca, traspasando un poco de ese semen, el cual recibí de muy buen agrado, nueva sensación y reconozco agradable, al punto que tuve uno de los mejores orgasmos de mi corta vida. Esto recién comenzaba. Me tomó de la mano e hizo intercambiar lugares con Claudio, quien ahora era el espectador. Abrazándome, me beso recorriendo, como lo había hecho con él, todo mi desnudo cuerpo, sin olvidar mi culo y mi vagina. Las piernas se me abrían por voluntad propia; ya no era yo quien manejaba mi cuerpo, era mi cerebro en complicidad con la libido. Tomándola y de la cabeza ejerciendo presión hacia la vagina, ella entendió bien lo que yo quería. Abrazadas caímos sobre la cama. Abrí más las piernas, entendió la señal, introduciendo hábilmente su lengua dentro de mi sexo. Me pareció notar que al hacerlo su boca esbozó una sonrisa, lo que no impidió que ...