1. El vuelo de regreso no fue lo único que subió (2)


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Alma Carrizo, Fuente: CuentoRelatos

    El día anterior no había visto a Roberto —o mejor dicho, Beto— por ningún lado, pero a la mañana siguiente, un golpe suave en mi puerta me sorprendió.
    
    —Hola, Alma. Perdoná que te moleste tan temprano… —Beto estaba allí, con esa sonrisa tímida que ya me resultaba familiar—. Te quería invitar a desayunar. Ayer no te encontré.
    
    —Hola, Beto —respondí, conteniendo una sonrisa—. Dale, dame unos minutos y salgo.
    
    —Perfecto. Y por favor, decime Beto —agregó, riéndose nervioso.
    
    —Bueno, Beto. Enseguida nos vemos.
    
    Cerré la puerta y no pude evitar reírme… hasta que la voz de la razón apareció en mi cabeza: ¿Qué estás haciendo, Alma?
    
    Pero la ignoré.
    
    El desayuno fue encantador. Beto era divertido, atento, y cada palabra suya me hacía reír. Al regresar a mi habitación, noté en el reflejo del espejo del pasillo cómo sus ojos se detenían en mi trasero, ardientes de deseo.
    
    Entré a mi cuarto con el corazón acelerado, tratando de convencerme de que no pasaría nada… hasta que revisé mi teléfono.
    
    Mi esposo había respondido a mis fotos en lencería —poses ardientes, piel al descubierto— con su clásico:
    
    «Estoy cansado, perdón.»
    
    Esa fue la gota que colmó el vaso.
    
    Día siguiente.
    
    Después de entrenar y almorzar, me senté en el balcón con una taza de té, disfrutando del sol. Abajo, en la pileta, estaba Beto. Solo.
    
    Le envié otra selfie a mi marido (que ahora parecía mi ex), y su respuesta fue aún más fría:
    
    «Estoy ocupado, perdón.»
    
    Sin pensarlo dos veces, me ...
    ... puse el bikini más sexy que tenía —un body verde con top rosa, diseñado por mi amiga—, me envolví en una bata y bajé.
    
    —Hola, Beto —saludé, notando cómo sus ojos se clavaban en mis curvas.
    
    —H-ho-hola, Alma —tartamudeó, casi atragantándose con su propia saliva.
    
    —¿Te puedo hacer compañía? Me encanta darme un chapuzón a esta hora.
    
    —Sí, c-claro. La pile está vacía.
    
    Nos reímos, charlamos, y pronto estábamos jugando como niños, salpicándonos y riendo sin parar. Hasta que, sin darnos cuenta, terminamos demasiado cerca.
    
    Y entonces lo sentí.
    
    Algo enorme bajo su short.
    
    —¿Pasa algo, Alma? —preguntó, notando mi expresión.
    
    —No, no —mentí, sonrojada.
    
    —A mí sí me pasa algo —susurró, acercándose más y agarrando mis caderas con fuerza.
    
    Su erección se frotó contra mí, y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo.
    
    —Ah… ¿y qué te pasa? —jugué, enredando mis brazos en su cuello.
    
    —Que tengo que ser más animado, ¿no?
    
    Le respondí con un sí moviendo la cabeza y, antes de que pudiera pensarlo, le robé un beso.
    
    Fue electricidad pura.
    
    Nuestros labios se encontraron con hambre, sus manos exploraron mi cuerpo como si lo conocieran de toda la vida, y yo me dejé llevar… hasta que escuché voces.
    
    Gente llegando a la pileta.
    
    El pudor me golpeó de golpe.
    
    —Perdón, me tengo que ir —murmuré, escapando del agua antes de que me vieran así.
    
    Última noche.
    
    No podía dormir. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Beto: sus manos, su boca, ese enorme pene que no ...
«123»