1. Hermana orgasmo


    Fecha: 17/06/2026, Categorías: Incesto Autor: pluma211, Fuente: CuentoRelatos

    ... prendida y…
    
    –Si, claro. Interrumpí.
    
    La tormenta recobro el ímpetu y el ruido estridente del agua se confundía con el crepitar de los leños, el fuego era constante y parecía cocinar algo lento. La película comenzó a rodar y nos cubrimos con un acolchado marrón. Me pidió una cerveza qué no le di y refunfuñando siguió viendo la pantalla, pasó un rato.
    
    –¿Por qué, no me das una cerveza?… Pregunto la estudiosa.
    
    –¡Sos menor!
    
    –Tengo 19. Alegó.
    
    –Menor que yo. Le dije y comencé a reír, mientras le tiraba su lata, avisé que no le daría más. Y se acurrucó en uno de los extremos del sofá.
    
    Helenita era muy distinta a Didi, una colita ataba su cabello rizado y negro, como sus ojos chiquitos y defectuosos como los de mamá, hasta ese entonces no lo notaba pero su metro 55 poseía una extraña belleza oculta en las vestiduras holgadas qué usaba siempre. Casi imperceptible uno de sus pies escaló a mi regazo, yo la miré dos o tres veces pero su cara estaba hundida en la luz qué desprendida la tele, hasta ahí pensé que era natural, pero vaya que no lo era.
    
    En la escena más atrevida del film, sin ser explícito el protagonista estaba recibiendo una mamada monumental a juzgar por su rostro y justo antes de acabar, ¡Zas! Se corto la luz. Mi verga se había endurecido ligeramente y luchaba para que no brincara con su piecito encima, la luz de la hoguera hacia místico ese lugar con la lluvia copiosa cayendo desenfrenada. Unos minutos de silencio pasaron…
    
    –En la mejor parte. Dijo ...
    ... ella. Rozando mi pene suavemente con su pie por encima del jogging. Quedé congelado, una parte de mi quiso levantarse y hacer lo correcto, pero no lo hice. Disfrute aquella dosis de hermandad qué seguía frotando mi entrepierna.
    
    –¿Qué sabes vos de esas cosas?
    
    Echó a reír, y dijo:
    
    –No sé mucho. solo lo hice dos veces.
    
    –¿A quién?…
    
    –Una vez a un compañero de clases y la otra vez un desconocido en una fiesta. Confesó la joya de la corona para dejarme con la más dolorosa excitación de mi vida. No sabía que hacer, quedé absorto mirando la fogata qué lambia las paredes en matices amarillos y naranja.
    
    –Vos podés ser el tercero, que disfrute la sensación de mi boca en tus geniales. Predijo como una adivina certera y sensual.
    
    –Somos hermanos. Musite sin convicción, totalmente nublado por esa chiquita que acomodo su cuerpo como un pez en la pecera y nado por debajo de la manta para descubrir un mástil de carne endurecida qué le costó tragar.
    
    Mis piernas temblaban bajo su cabeza oscilante qué se separaron más para dejar caer el pantalón y yendo contra las leyes de la física acaricié sus nalgas, primero por encima del camisón estampado en corazoncitos invisibles por la penumbra y después por encima de su bragas qué no demoré en quitar sin ninguna resistencia. No hablamos. La lluvia furiosa azotaba con vehemencia afuera, y se mojaba menos que mis dedos dentro de Helenita, quien gemía con la leña helada comparada con ella. Aquel cuerpito deseoso pidió una tonelada de ...