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Un último baile
Fecha: 18/06/2026, Categorías: Relatos Cortos, Autor: MarthaKC, Fuente: CuentoRelatos
Apenas son las seis de la tarde, pero de pronto cae la noche. Las nubes negras ocultan el cielo entre estruendos y dejan lugar a la oscuridad. Las primeras gotas gruesas de lluvia dan paso en pocos segundos a un diluvio al que pronto le acompañan un viento abrumador, truenos que resuenan entre los edificios y relámpagos que interrumpen la penumbra. El torrente de agua inunda las estaciones de metro y las carreteras; en cuestión de minutos todo el tráfico está colapsado. Decenas de personas corren por la acera tratando de protegerse de la tormenta con sus paraguas, capuchas, carpetas de oficina o lo primero que tengan a mano y puedan usar para taparse. Una de ellas es Clara, a la que la ha pillado por sorpresa al salir de su trabajo. Cuando encuentra el primer bar de camino, se refugia en él. Se sienta en la primera mesa vacía y se pide un café caliente. Mientras se lo toma trata de secar sin éxito la blusa blanca empapada que se ha transparentado dejando ver sus enormes pechos alojados en su sujetador de encaje rojo que apenas puede sostenerlos. La lluvia continúa sacudiendo con fuerza las ventanas y el aire brusco que corre afuera entra como un tifón en el interior cada vez que se abre la puerta. Sea por el frío o por un sexto sentido, un escalofrío gélido recorre su espalda cuando la última persona entra al bar. Se gira curiosa y no puede más que quedarse paralizada al ver al hombre que ha entrado… “Juan…” murmulla con una voz inaudible. El hombre moreno que ...
... acaba de entrar, metro ochenta, complexión normal, ni musculoso y delgado, pero con una sonrisa cálida es su exnovio. Desde que cortaron hace 4 años no se habían vuelto a cruzar. Él enseguida se fija la sexy mujer con cabello castaño recogido en una coleta dejando descubierto su rostro que irradia sensualidad. En su esbelta figura que emana feminidad por todos los costados, desde su redondo culo hasta sus pechos firmes y gigantes. –¡Clara! ¡Cuánto tiempo! No esperaba verte aquí. –le dice sonriendo. Realmente se alegra de verla. Se acerca a la mesa cuando ella le ofreció sitio en la silla vacía y se tomaron un café juntos. Y después otro. Como la lluvia no cesaba y ella no podía irse a su casa, cenaron allí mientras se ponían al día de sus vidas. Aunque su relación no había funcionado, ambos tenían un buen recuerdo del otro. Después de la cena pidieron un combinado (él ron con cola, y ella ginebra con refresco de limón). –Veo que no has cambiado el ron todavía –Sonríe ella. –Ni tú la ginebra –le corresponde. Y tras esa copa, varias más. Lejos de parar, la tormenta aumentaba su intensidad y dieron más de las doce. Se quedaron solos en el bar con la inquisidora mirada del camarero que esperaba que se fueran para cerrar. –Clara, no te lo tomes de modo erróneo, pero dado que la tormenta no para y yo vivo cerca… ¿Por qué no pasas esta noche en mi piso? Con este tiempo no es recomendable que te muevas. Clara no se lo pensó demasiado, las opciones que tenía no ...