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Compañeros - Capítulo 6: Copas y calentones
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... labios. —Todavía no lo sé —le respondió él. Pero cuando la conversación subió de tono, ella desapareció entre la gente. Lo dejó con el vaso medio lleno y la polla medio dura. A las seis de la mañana, Miguel y Luis volvían caminando al colegio, disfrazados, cansados, y con la típica risa floja del alcohol. —Tío, la Harley Quinn esa te tenía ganas —dijo Luis, empujándole con el hombro. —Y tú la demonio de las tetas enormes. —No hablemos de eso. Esa me miraba como si me quisiera morder. —¿Y por qué no pasó nada al final? —No lo sé. No me cuadró. Pero joder… estaba que flipas. Entraron a la habitación medio a oscuras. Miguel se quitó la gorra y la camiseta verde, tirándola a un rincón. Luis se desnudó también, quedándose solo con el calzoncillo negro, el paquete marcando sin pudor. —Estoy empalmado desde hace dos horas —dijo Luis, dejando caer el disfraz al suelo—. Te lo juro. —Yo igual. Esa tía me puso muy burro, tío. Y eso que ni me tocó. Se sentaron en las camas, uno frente al otro, en calzoncillos. Sin camisetas. Sudados, rojos del alcohol y del baile. —¿Tú cuándo fue la última vez que follaste? —preguntó Luis, con la lengua suelta. —Hace… pff, año y pico. Mi ex. —¿En serio? —Sí. Desde entonces, nada. —Hostia. ¿Y no lo echas de ...
... menos? —Claro que sí. Mucho. —Yo hace como seis meses. Una de mi barrio. Me la follé en el coche. Pero no era nada especial. —Joder… yo echo de menos el contacto, tío. El tacto. Oler a otra persona. El ruido. El… todo. Luis lo miró con una ceja levantada. —¿Te estás poniendo tierno? —No, gilipollas. Me estoy poniendo cachondo. Los dos rieron, pero se notaban las voces graves, arrastradas. El ambiente denso. La tensión en los cuerpos. —¿Y tú? —preguntó Miguel, bajando la voz—. ¿En serio no te calentó la demonio? —Tío, me tocó el cuello, se me subió encima bailando… no te haces una idea. Estaba durísimo. —Pues ahora mismo sigues igual. Luis miró hacia abajo. Se le marcaba toda la forma. —Es lo que hay. ¿Qué quieres que haga? ¿Me la casque aquí delante de ti? —Haz lo que quieras —dijo Miguel, medio en broma, medio no. —Nah… mejor no. Que me conoces demasiado poco. Miguel se tumbó en la cama, de lado, todavía en calzoncillos, con el cuerpo largo estirado. Luis hizo lo mismo. Se quedaron en silencio. Ambos con la polla dura, la cabeza embotada de alcohol y las imágenes de la noche rebotando por dentro. —Qué noche, tío —susurró Miguel. —Y eso que no ha acabado —respondió Luis. Ninguno se durmió todavía. Y ahí se quedó la cosa.