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LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... desafío. —Me vuelve loco —contestó él, agarrándola con fuerza por la cintura, siguiéndole el ritmo. En esa danza de cuerpos, el roce de piel contra piel, el calor creciente y la humedad compartida, creaban un torbellino de sensaciones que los atrapaba sin escapatoria. Cuando Inés se colocó en cuatro y se volvió, encontrando la mirada de César, supo que la entrega total estaba cerca. Cuando finalmente alcanzaron el orgasmo, un temblor recorrió sus cuerpos, liberándolos en una explosión de placer. Él la sostuvo, suave pero firme, dejándola caer en esa zona donde solo existen el deseo y la complicidad. —¿Ya te he convencido para una tercera cita? —preguntó César con una sonrisa ladeada. —¿Y si digo que sí pero luego cambio de opinión? —respondió Inés, ya más relajada, enredando sus dedos en los pelos de su pecho. —Entonces solo te diré.. “Como desees”. *** El jardín zen del colegio era un caos minimalista supervisado por Lluvia, la tutora de la clase Girasol y autoproclamada sacerdotisa de la armonía educativa. Había arena blanca cuidadosamente rastrillada, piedras de río colocadas en posiciones sospechosamente simbólicas, y un bonsái higuera que, según se rumoreaba, sufría ansiedad floral. En medio, una mesita improvisada ofrecía el espacio donde cada familia había colocado un objeto significativo: un peluche viejo, una carta plastificada, un llavero de Hogwarts. César llegó con su objeto en la mano: una brújula sin aguja. No porque fuese poético ...
... —que un poco sí—, sino porque no encontraba la aguja desde 2009. La colocó entre una piedra y un dibujo de mandala deshecho por el viento, con una especie de solemnidad cómica. Lluvia, al fondo, le observaba con la mirada de quien te amonestaría por perturbar la energía cuántica del recinto. César fingió reverencia zen y retrocedió como si hubiera depositado las cenizas de un monje. Se sentó en un banco y respiró. Y entonces llegaron los recuerdos. Los nombres. Bea. Silvia. Irene. Miriam. Ana. Raquel. Esther. Todas demasiado… breves. Incluso las que duraron años. Todas a las que quiso y le quisieron, sin merecerlo. Historias de sábado que quedaron sin domingo. —¿Esto es tuyo? —dijo Inés, de pie junto a la brújula—. Porque parece el accesorio perfecto para un boy scout con crisis de identidad. César sonrió sin mirar. Sabía que era ella por el tono. Ironía con sutil barniz afectivo. —Es simbólica —respondió él—. Una brújula sin aguja. Como yo. —O como cualquier padre separado en junio —añadió Inés, sentándose junto a él—. Lluvia va a enloquecer si no la colocas a cuarenta y cinco grados del eje transicional del bonsái. —He seguido la línea de las piedras. Estoy casi seguro de que una me habló. —Pues te habrá dicho que pongas orden en tu vida o al menos que te compres un calendario. Sigues pensando que las tutorías son los miércoles. César rio. —No pensé que vinieras hoy. —Yo tampoco. Pero tenía curiosidad por ver qué dejabas tú. Me aposté con otra ...