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LNE (y 15). El mapa del jardín de los afectos
Fecha: 20/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... una película distópica de culto. Mientras tanto, alguien encendió una lámpara de lava, arrojando un resplandor fantasmagórico y oscilante, y Breogán, el profesor de musicoterapia, improvisaba un refugio seguro con cojines, un arpa de boca y una gallina de goma. —¡Lo arreglamos enseguida! —gritó Arturo, el padre electricista que demasiadas veces ejercía de operario honorífico de mantenimiento—. ¡Esto no es un simulacro, pero tampoco es real del todo! Los visitantes, confundidos, intentaron salir en orden, pero el protocolo de emergencia diseñado por la AMPA incluía pasos como “buscar tu consuelo afectivo” y “respirar con el alma pura”, así que la salida fue algo más competitiva de lo deseable. En medio de todo, César, rodeado de padres entre estupefactos e indignados, se encontró en un rincón con Inés, que llevaba la linterna del móvil a tope de lúmenes y una ceja levantada. —Esto es más caótico que nuestra última conversación —dijo él. —Sí, pero al menos aquí nadie ha fingido saber lo que hace —respondió ella, iluminando un cartel que decía "Descubre tu luz interior". —¿Crees que esto se puede arreglar? —¿La luz o nosotros? —No sé cuál me da más miedo —confesó él, justo antes de que Eduardo, desconcertado por la gente que abandonaba antes de tiempo el salón de actos, encendiera de todos modos los fuegos artificiales caseros en el patio. Inés sonrió, y respondió entre explosiones, petardos y una traca a destiempo. Y algún grito que otro, al ...
... hacerse pública y notoria la creencia de Eduardo en que la química pirotécnica y la balística elemental eran actividades que podían regirse por la intuición. —Tranquilo – comentó Inés, contemplando el espectáculo, que a veces ocurría en el cielo, a veces en el suelo, y a veces en las paredes -. Lo que necesitas no es que vuelva la luz, sino encontrar con quién estar en la oscuridad sin volverte idiota. Un dron con forma de paloma sobrevolaba el gimnasio proyectando mensajes de responsabilidad afectiva mientras esquivaba cohetes. Lo guiaba Jorge, con la misma convicción que un piloto alemán de la Segunda Guerra Mundial a bordo de un Stuka bombardeaba Inglaterra. Justo en ese momento, la luz regresó. Pero para entonces, nadie quería que se encendiera nada más. *** Cristina no entraba en las habitaciones. Irrumpía. Como si la puerta estuviera ahí solo para recordar que ella tenía derecho a cruzarla sin pedir permiso. Botas militares, camiseta ajustada con la cara de Lemmy estampada, cresta mohicana teñida de rosa y unos vaqueros rotos que parecían haber sobrevivido una guerra civil. Él la esperaba medio tumbado en la cama, algo nervioso. Siempre lo estaba con ella. Algo en su descaro le afectaba como a un adolescente un examen de matemáticas, sin calculadora y con la certeza de que iba a suspender… gloriosamente. —¿Te has duchado ya o estás conservando la esencia para mí? —dijo ella, tirando su chupa de cuero a la silla como quien lanza un guante de duelo. —Me ...