1. Los Placeres de Carl@, El Fuego de Carla


    Fecha: 21/06/2026, Categorías: Transexuales Autor: GTor0, Fuente: TodoRelatos

    Soy Carlos, un Guardia Civil destinado en un pequeño pueblo de Andalucía, donde el sol quema la piel y el aire huele a olivo y jazmín. A mis 38 años, mi vida había dado un vuelco: mi divorcio me dejó con el corazón roto y un vacío que ni el trabajo ni las videollamadas nocturnas con mi hija, Sofía, podían llenar. Pero un caso de contrabando de ropa de lujo cambió todo. Al infiltrarme como mujer, descubrí a Carla, una parte de mí que emergió entre seda, encaje y tacones, y que me hizo sentir vivo de una manera que nunca imaginé. Junto a Rocío, mi amiga y ahora amante, exploré un mundo de placeres que me liberó y me consumió a partes iguales.
    
    Rocío y yo nos convertimos en algo más que cómplices. Nuestros encuentros eran un incendio: sexo crudo, sin límites, donde Carla tomaba el control. Cada noche que me vestía con un vestido ceñido, maquillaje impecable y una peluca de rizos sueltos, sentía que Carla se hacía más fuerte, más real. Rocío lo veía, lo alimentaba. “Carla, eres un huracán”, me decía, mientras sus manos rasgaban la tela de mi vestido y nuestros cuerpos se fundían en una danza de sudor y gemidos. Pero nunca imaginé hasta dónde me llevaría esta pasión.
    
    Una noche, mientras compartíamos una botella de vino en su piso, Rocío me miró con esa chispa traviesa que siempre precedía a algo inesperado. “Carla, ¿te atreverías a ir más lejos?”, dijo, su voz cargada de intención. Le pregunté a qué se refería, y ella sonrió, dejando caer el nombre de Alex, su exnovio. “Es ...
    ... un tipo abierto, y siempre le gustó experimentar. ¿Qué tal un trío? Tú, yo y él. Como Carla, claro”. Mi corazón dio un vuelco. La idea era un torbellino de excitación y miedo, pero la mirada de Rocío, su mano acariciando mi muslo bajo el vestido, me empujó a decir que sí.
    
    La noche del encuentro, me preparé con un cuidado obsesivo. Elegí un vestido negro de encaje, con un escote profundo que dejaba entrever las curvas moldeadas por las piezas que Rocío me había conseguido. Mis labios, pintados de rojo carmesí, brillaban bajo la luz tenue de mi apartamento. La peluca castaña caía en ondas perfectas, y el perfume de vainilla y jazmín envolvía cada uno de mis movimientos. Cuando llegué al piso de Rocío, Alex ya estaba allí. Era alto, con una barba bien recortada y unos ojos que me estudiaron con curiosidad y deseo. “Así que tú eres Carla”, dijo, con una sonrisa que me hizo estremecer.
    
    No hubo preliminares incómodos. Rocío tomó las riendas, como siempre. Nos sirvió vino, puso música suave y se acercó a mí, sus manos deslizándose por mi cintura mientras me besaba con una intensidad que me dejó sin aliento. Alex observaba, su mirada encendida. Pronto, sus manos se unieron a las de Rocío, explorando mi cuerpo a través del encaje. La ropa cayó al suelo en un frenesí, y los tres nos convertimos en un enredo de piel y deseo. Rocío me empujó hacia Alex, susurrando: “Bésalo, Carla. Déjate llevar”. Dudé un instante, pero el calor del momento me arrastró. Mis labios encontraron los ...
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