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Fantasía incestuosa: Mamá me ayuda con papá
Fecha: 21/06/2026, Categorías: Incesto Autor: Lena Hache, Fuente: TodoRelatos
No era capaz de masturbarme sin pensar en mi padre desde que mi amiga Andrea, mientras hacíamos tiempo para entrar al cine, nos contó al grupo más íntimo que se quería follar al suyo y que ese era el sueño de cualquier chica sana mentalmente con un buen padre. Lo que es lo mismo, que si no querías follarte a tu padre era porque el era mala persona o porque tú estabas mal de la cabeza. - O que es muy feo. - Añadió Marta entre risas, tomándose a broma el comentario de Andrea. A mí no me pareció ninguna broma. Su cara al contarlo trasmitía pasión e ilusión. Tenía el brillo en la mirada típico de cuando estás enamorada. Puede que lo de estar enamorada fuese una exageración mía, pero esa no era, ni de coña, la cara que pone Andrea cuando está de broma. Aquello hizo que sintiese cierta rabia por Andrea. Por su culpa no sólo pensaba en mi padre cada vez que me masturbaba, sino que también sentía la necesidad de masturbarme cada vez que me lo encontraba. Al principio me iba al baño, me relajaba con mi mano y listo. Pero con el pasar de los días la cosa se fue intensificando y mi vergüenza fue desapareciendo. Si papá entraba en la cocina mientras yo desayunaba, bajaba una mano y con ella frotaba mi coño a través del pijama mientras mis ojos se deleitaban con el culo de papá mientras se hacía su café. Si papá entraba en el salón cuando yo estaba viendo la tele, yo me masturbaba con el mando, las primeras veces discretamente, pero luego ya a mi excitación le daba igual y me lo ...
... pasaba por la entrepierna sin importan que me vieran. Una vez estaba ayudando a mamá a limpiar lentejas y papá pasó en calzoncillos. No llevaba nada más y se le marcaba el paquete. Dejé las lentejas, me remangué el vestido y me toqué al lado de mi madre. Ella, lógicamente, se dio cuenta. Al principio se quedó paralizada por el asombro. A mí, lejos de espantarme, me gustaba lo que estaba pasando. Estaba descubriendo que me gustaba que me mirasen. Mamá salió de su trance y me riñó: - Blanca... Eso en la intimidad. No está bien que hagas eso en público. ¿Ahora qué vas a hacer? Vas a volver a ponerte con las lentejas después de tocarte el coño? Eres una guarra. Yo no te he educado de esta manera. - Lo siento, mamá. No lo he podido evitar. Es que me pone a mil. - Se me escapó inconscientemente. - Que te pone, ¿el qué? - Me preguntó un poco agresiva. - No, nada. Olvídalo. - Contesté sonrojada. La cosa pareció quedarse ahí, pero no fue así. Mamá me miraba de vez en cuando. Yo la había dejado intrigada y eso es lo peor que le puedes hacer a una maruja con veinticinco horas libres al día y aficionada a las novelas de misterio. Mamá me empezó a vigilar todo el tiempo que estábamos juntas, que era mucho. Ella había sido madre joven, así que a sus cuarenta y pocos se encontraba con que sus hijos ya teníamos o nos acercábamos a los veinte mientras que los de sus amigas tenían como mucho diez. Mamá nunca soportó a los niños (salvo a los suyos) por lo que había dejado de ...