1. Amigos en la fortuna. Cuarta parte


    Fecha: 21/06/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: MujerQueDesea, Fuente: TodoRelatos

    Isabel no podía dormir.
    
    Lorenzo respiraba despacio a su lado, dormido profundamente, con el rostro relajado y un brazo extendido sobre la sábana. Su perfil, ahora en calma, conservaba ese aire grave y sereno que tanto la atraía. Lo observó en silencio durante un rato, con la cabeza apoyada en la almohada, los ojos abiertos en la oscuridad tibia del dormitorio.
    
    No era una mujer ingenua. Jamás lo había sido. Ni siquiera en su juventud más ilusa se había entregado del todo a la idea de los cuentos de amor eterno. Por eso, aunque su cuerpo aún conservaba el calor de lo que acababan de compartir, su mente trabajaba en otro plano.
    
    Lorenzo Jódar no era un hombre cualquiera. Era comisario. Inteligente, metódico, acostumbrado a mover piezas sin mostrar la mano. Y aunque algo en su manera de estar con ella parecía sincero —y quizás lo fuera—, Isabel no podía ignorar ese otro lado que él no revelaba por completo.
    
    ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tanto tiempo de mensajes breves, de cafés pospuestos, de silencios consentidos, justo esta noche había decidido dar un paso más?
    
    La reunión con los amigos había sido el catalizador, sin duda. Pero algo le decía que no era solo la copa, ni el ambiente relajado, ni siquiera la atracción largamente contenida. Lorenzo no era un improvisador. Y lo que había entre ellos no se parecía a un impulso ciego.
    
    ¿Estaba aquí solo por ella?
    
    Isabel se sentó despacio al borde de la cama, cuidando de no despertarlo. Se recogió el pelo ...
    ... y, sin moverse del sitio, dejó que sus pies descalzos tocaran el suelo. Pensó en Héctor, en la extraña mirada de Lorenzo al hablar de él. Pensó también en Ana, en el secuestro, en lo poco que se había sabido del caso realmente. Y pensó en sí misma.
    
    Estaba en la cincuentena. No buscaba una historia para llenar vacíos, ni una pareja por conveniencia. Lo que quería —lo que exigía a estas alturas de su vida— era claridad. Y, aunque su corazón le decía que Lorenzo le ofrecía algo real, su instinto le advertía que aún no tenía todas las piezas del puzle. Al menos, cuando estuvo con Héctor bastantes años atrás, lo vio venir.
    
    Se giró una vez más para mirarlo. Y pese a todo, sonrió. ¿Y si estaba aquí por algo más? Bueno. Lo averiguaría. Con elegancia, con inteligencia, con paciencia.
    
    Porque ella no era una mujer estúpida. Y si había algo que Lorenzo Jódar no le estaba contando y ella acabaría sabiéndolo.
    
    ***
    
    A veces me pregunto en qué momento me rompí. Si fue la noche en que mi padre estampó contra la pared el jarrón favorito de mi madre, o aquella otra en que mi hermana se escondió bajo la cama llorando mientras él me sacudía con el cinturón por no haber traído las notas que él esperaba. Aunque eran excelentes, claro. Siempre lo eran. Pero nunca suficientes.
    
    Mi padre era un cabrón con todas las letras. Un hombre pequeño por dentro que necesitaba gritar para sentirse grande. Tenía esa violencia seca que no necesita alcohol ni excusas. Le bastaba existir. Llegar del ...
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