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Jugando en el sofá 1
Fecha: 27/06/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Autor: EmileCastiel, Fuente: SexoSinTabues30
La tele estaba bajita, con una de esas películas aburridas que siempre ponen los viernes. Él estaba ahí, tumbado en el sofá, con esa cara de cansado que se le queda después del trabajo. Yo me quedé mirándolo un rato desde la puerta, sintiendo cómo el short corto y ajustado del pijama se me subía un poco con cada paso que daba. —¿Me puedo sentar? —pregunté, haciendo voz de sueño, como si no tuviera ninguna otra intención. Él ni siquiera me miró, solo movió la cabeza como diciendo «sí». Me senté despacio, dejando que mi pierna rozara la suya como sin querer. Noté que se quedó quieto, como si no quisiera que me diera cuenta de que le había gustado. No tenía que gustarle, era el esposo de mamá. —Uf, qué sueño… —dije, y antes de que pudiera pensar dos veces, me dejé caer sobre sus piernas. Su muslo era duro bajo mi mejilla, calentito. Olía a esa colonia que siempre usa, mezclada con algo más suyo, algo que me hacía respirar hondo sin darme cuenta. Cerré los ojos y me hice la dormida, pero en realidad estaba más despierta que nunca. Pasaron unos minutos. Él no se movía, pero noté cómo su respiración se hacía más lenta, más controlada, como si estuviera contando hasta diez. Entonces, como si fuera un accidente (pero qué va), moví la mano floja, como en sueños, y la dejé caer justo ahí. Al principio no pasó nada. Solo el calor de su entrepierna a través del pantalón. Pero entonces, poco a poco, sentí cómo algo empezaba a cambiar. Se puso duro. No de golpe, no ...
... como en esas películas donde todo es exagerado. Fue lento, como si su cuerpo no pudiera evitar reaccionar, aunque él no quisiera. Mi dedo rozó el bulto que se iba formando, apenas un toque, pero suficiente para que se tensara aún más. Él no dijo nada. No me apartó. Solo respiró hondo, como si estuviera aguantando algo. Y ahí lo tenía, palpitando bajo mi mano, cada vez más grande, más firme. Yo seguía fingiendo que dormía, pero entre mis pestañas entreabiertas veía cómo su pierna temblaba. Entonces, sin aviso, sentí su mano acercarse. Lenta, como si no estuviera seguro. Sus dedos rozaron los míos… y los apretó levemente contra él. Mi corazón dio un vuelco. Él creía que yo dormía. Y yo, la muy lista, dejé que mis dedos se cerraran un poquito más, sintiendo cómo latía bajo mi toque. Noté el momento exacto en que decidió rendirse. Un suspiro casi inaudible escapó de sus labios cuando la cremallera cedió con un clic discreto. El sonido me recorrió como un escalofrío. Ahora solo quedaba la fina tela de sus boxers entre mi mano y él, y sentía cada detalle: cómo la babita había mojado la tela, cómo palpitó cuando mi pulgar rozó la punta por accidente (¿o no?). Sus dedos encontraron luego mi cintura, dudosos. Las yemas callosas dibujaron círculos tímidos sobre el algodón de mi pijama, subiendo, subiendo hasta que… El contraste fue eléctrico. Sus manos ásperas contra mis pezones sensibles, apretando con esa mezcla de curiosidad y culpa que me hizo morder ...