1. Jugando en el sofá 1


    Fecha: 27/06/2026, Categorías: Incesto Sexo con Maduras Autor: EmileCastiel, Fuente: SexoSinTabues30

    ... el labio para no gemir. Yo seguía «dormida», pero mi cuerpo me traicionaba – los pezones duros como piedritas bajo la tela, la respiración que se me aceleraba sin permiso.
    
    Su mano izquierda seguía aprisionando la mía contra su erección, guiándome en movimientos lentos mientras la derecha exploraba bajo mi camiseta. Cuando sus dedos encontraron piel desnuda, sentí cómo se detenía un instante…
    
    …y luego seguía.
    
    El calor de su palma en mi vientre me hizo arquearme levemente, un movimiento que disfracé como de sueño. Su respiración se volvió más áspera, más urgente, y supe que estaba perdido.
    
    La mano que exploraba mi torso descendió por mi espalda con determinación repentina, metiéndose bajo el elástico de mis shorts con una urgencia que contradecía sus gestos previos. Sus nudillos rozaron ese lugar íntimo mientras sus dedos buscaban…
    
    …y encontraban.
    
    Gemí por dentro cuando su dedo medio rozó mi culito. Se detuvo como electrocutado, y por un momento terrorífico pensé que retrocedería.
    
    Pero entonces su dedo se movió; un círculo lento, experimental. Masajeó por un rato, luego apartó la mano. Me sentí decepcionada, hasta que escuché el “pop” del dedo saliendo de su boca. Rápidamente, volvió a meter la mano bajo mis shorts, luego se detuvo en mi entrada y empezó a penetrar lentamente, pero sin contemplación.
    
    El dedo que tenía en mi culo se retorció un poco, y yo aguanté la respiración. No era dolor exactamente, era… raro. Como cuando te comes algo picante y no ...
    ... sabes si te gusta o no, pero no puedes parar. Sentí cómo su polla palpitaba en mi mano, caliente y dura como un palo, y supe que ya no había vuelta atrás.
    
    Entonces lo vi—ese movimiento torpe mientras se sacaba completamente la verga, brillante bajo la luz azul de la tele. La punta rozó mis labios, dejando un rastro salado que me hizo arrugar la nariz. Pero abrí la boca, solo un poquito, como si en sueños no supiera lo que hacía.
    
    Él no necesitó más invitación.
    
    Una mano me agarró de la nuca, no fuerte, pero suficiente para guiarme. Fue torpe, real. La cabeza chocó contra mis dientes primero (él maldijo en voz baja), pero al segundo intento encontró el camino.
    
    Y ahí estaba yo, con la mejilla aplastada contra su vientre, sintiendo cómo le temblaban los músculos cada vez que se enterraba. Y cada vez que empujaba más dentro de mi boca, su dedo se hundía más profundo en mi culito. No sé cómo fue que logré mantenerme en silencio, pero quería gritar, gemir, saltarle encima.. La televisión seguía pasando escenas mudas frente a mis ojos, pero yo solo veía destellos—el techo, la lámpara, sus pantalones bajados hasta los muslos.
    
    —Así… así…—masculló él, y noté cómo le cambiaba la voz, más ronca, como si le costara respirar.
    
    La verga me llenaba la boca, pero lo peor (o lo mejor) era que mi cuerpo respondía. Cada gemido que le sacaba, cada vez que sus pelotas se pegaban a mi barbilla, yo sentía ese calor crecer entre mis piernas, humedeciendo el pijama.
    
    Cuando empezó a ...