-
Manuel, mi novio de 6 años
Fecha: 30/06/2026, Categorías: Fantasías Eróticas Gays Autor: pisofshet, Fuente: SexoSinTabues30
... una idea, podemos jugar un juego que te puede gustar más. ¿Te gusta mas la mermelada de damasco o la de frambuesa?» «¡Frambuesa!», exclamó Manuel, olvidando por un instante su preocupación. «Entonces voy por la de frambuesa». Fui a la cocina a sacar el frasco de mermelada. La abri y la vi con nostalgia, recordando mi primera vez a los 10 años con mi primer novio, un joven de 20 que usó el mismo truco cuando me ocurrió lo mismo.» Volví a la habitación y unté cuidadosamente un poco de mermelada de frambuesa en mi miembro ya erecto. «Ven aquí, mi tesorito», le dije a Manuel con una sonrisa cariñosa. «¿Quieres jugar a limpiarme la mermelada?» Su cara se iluminó de inmediato. A los niños les encantan los juegos y los dulces, y este no era la excepción. Me senté en la cama, y con la mermelada brillando en la punta de mi pene, lo invité a acercarse. «Estoy seguro de que ahora sabrá mejor», le dije, y su sonrisa se ensanchó. Manuel se acercó, la curiosidad en sus ojos. Suavemente, extendió su lengüita y la pasó por la mermelada. Sus ojos se cerraron y asintió, una sonrisa de aprobación en sus labios. «¿Ahora si te gusta?» Le pregunté. «Sí», susurró. «Sabe rico». Así, el niño se fue acostumbrando más facilmente a mi pene. La mermelada de frambuesa se fue acabando, pero Manuel no se detuvo. Su curiosidad era insaciable. Acariciaba mi miembro con la punta de su dulce lengua, lamiendo la mermelada y descubriendo con cada pasada la textura que se escondía debajo. Mis ...
... ojos se cerraban de placer cada vez que sentía un cosquilleo en la piel. «Manuel» Le dije «¿La maestra te habló ya de qué otra forma los hombres podemos jugar con nuestros penes?» «Por el agujerito del culo», respondió Manuel sin dudarlo, su rostro ahora serio y atento. Claramente, su maestra le había dado una lección detallada. «¿Te gustaría que juguemos a eso?» Le dije, mi corazón acelerando a mil por hora. Manuel asintió con timidez, y su carita se puso colorada. «Pero…¿no duele?» Preguntó. «A veces un poquito al principio, mi vida, pero si lo hacemos despacio y con cariño, no duele, sino que es un placer que se comparte entre dos personas que se aman», le expliqué con calma y dulzura. Lo acerqué a mi, y lo bese en la boca. «Tranquilo, mi dulzura, no te voy a forzar a nada que no quieras». Con la punta de mi dedo le acaricié el anillo delicado de su culo. «¿Te gusta?» Le susurré, y el movió la cabecita afirmando. Con la calma, lamí suavemente su hoyito. Su olor a niño me excitaba al máximo. Su piel era suave y elástica, y mis labios se abrieron para que mi lengua pudiera explorar la delicada textura. El sonido de su respiración agitada llenaba la habitación, y suave, introduje mi dedo meñique en su abertura. Manuel se tensó en un primer instante, y su respiración se agitó. «¿Todo bien, mi vida?» Le susurré, deteniendo mi acción por un breve instante. «Sí, Javier, sigue» Me respondió con la dulzura que solo un niño angelical podía. Volví a lamer suavemente, y ...