-
Esposa católica sometida por el cartel (Cap VI)
Fecha: 01/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Domadordepalabras, Fuente: TodoRelatos
Novela completa disponible en Ámazon: https://amzn.eu/d/8qZW5qF Capítulo VI La confirmación de la Ramera de da Sousa. -Pero bueno... ¿Mira quien tenemos aquí?... ¡Mi zorra favorita!...- En ese instante, aprovechando la oscuridad de aquel rincón del fondo de aquella vieja cafetería, Edwin, sujetó mi cintura desde atrás, acariciando mis caderas, bajando sus manazas por el interior de mis muslos, acariciando con el raso negro de la tela de mi falda, la sensible piel de mis muslos... Lentamente, fue levantando mi falda, conforme adentraba sus manos en mi entrepierna. Finalmente, ante mi pasividad, ante mi nula resistencia, llegó a mis bragas, adentrando sus dedos por el interior del lateral, llegando a acariciar mi coño húmedo y carente de vellosidad. -Vaya... Aún sigue como te ordené que lo mantuvieras...- -Si... Amo...- Y entonces... Me sorprendí a mí misma, dos décadas después, volviendo a llamar Amo al mismo individuo que convirtió mi vida en un infierno... Mi Amo. . . . . . . . Veía como esos dos tipos reían y miraban de manera burlona a mi marido que, completamente hundido, y avergonzado, miraba continuamente a su jefe acercarse hacia mí, al mismo tiempo que también miraba hacia la puerta, imagino que, observando como toda la plantilla, miraba lo que estaba ocurriendo en la oficina. De repente, comencé a sentir algo grande, cálido, muy duro, acariciar mis labios vaginales… Repasaba de arriba abajo, todo el contorno de mi ...
... vagina, aquel pene era enorme, grande caliente, y cada vez que adentraba un poco entre mis piernas, comenzaba a acariciar mi clítoris que estaba sobre estimulado… Después de siete u ocho caricias, involuntariamente, comencé a mover mis caderas hacia atrás, hacia delante, como intentando encontrar la punta de ese capullo, para ser yo misma, la que se lo introdujese dentro… Pero el hijo de perra, lo impedía. Y continuaba acariciándome con su enorme verga mi sensibilizado, coño. Plas! Plas! Dos nuevas y fuertes cachetadas en mi trasero caliente, morado, y ardiente. -¡Ahhhhhh!… ¡Ahhhhhhh!…- Grite, y esos gritos, mezclaban, dolor y placer… Mientras los dos compañeros, miraban extasiados mis piernas, y trasero, de los que he de reconocer que estaba orgullosísima. Finalmente, Edwin, comenzó a introducir lenta y pausadamente su enorme glande en el interior de mí caliente y húmeda vagina. Cada milímetro, cada centímetro, cada trozo de carne, que era alojada en mi interior, era toda una espiral de sensaciones placenteras. Una serie de oleadas de placer que invadían todo mi ser, haciendo que mis ojos se cerrasen involuntariamente, y de mi boca, comenzasen a salir una serie de sonidos, y gemidos tan avergonzantes, tan humillantes, como placenteros… Eran auténticos bramidos… -¡Ahhhhhhhh… Uhhhhhm… Ahhhhhhhg!- Mi boca, se abría continuamente mientras apoyaba mi cabeza, contra la mesa, en dirección al sofá, donde estaban esos tres individuos ...