1. Beso negro a mi vecina. Chupando un culo moreno


    Fecha: 01/07/2026, Categorías: Sexo Oral Autor: Ivan, Fuente: CuentoRelatos

    Una noche no podía dormir y mi vecina, que estaba charlando con una amiga suya en la habitación contigua, decidió empezar a hablar de hombres y de sexo. La conversación empezó por el tamaño de las pollas que se habían comido, pero rápidamente pasó a fantasías sexuales frustradas.
    
    La amiga de mi vecina decía que le costaba llegar al orgasmo, pero mi vecina tenía mucho más claro lo que le faltaba por hacer:
    
    -Siempre he querido que un tío me meta la lengua en el culo y no la saque -grito mi vecina
    
    -¿Pero qué dices? Jajaja -exclamó su amiga
    
    -Sí, tía, ponerme a cuatro y sentir como huele mi culo y lo chupa con pasión… ¿Te imaginas que te tiras un pedo en su cara? Sería mortal.
    
    -Tía qué asco, estás fatal.
    
    Si antes no podía dormir después de aquello os podéis imaginar…
    
    Mi vecina era una morena regordeta con caderas anchas pero firmes. A veces subía las escaleras detrás suya y según cerraba la puerta de mi casa iba al baño a imaginarme ese culo sin pantalones en mi cara…
    
    Empecé a acariciarme la polla cuando decidí que, si algún día quería comerme ese culo, tenía que ser hoy…
    
    La conversación entre ellas decayó algo y empezaron a recoger. Yo estaba deseando que su amiga se marchara.
    
    Mantuvieron unas últimas palabras en el umbral de su puerta, la vecina bajó las escaleras y ella cerró la puerta.
    
    Yo, cachondo como nunca y extremadamente nervioso, con toda la sangre donde no debería, abrí mi puerta y llamé a la suya.
    
    -¡Buenas noches! -Exclamé más alto ...
    ... de lo que debería a la 1 am.
    
    -¿Hola? Buenas noches -Dijo ella extrañada de que llamase a su puerta a esa hora.
    
    -No he podido evitar oír vuestra conversación dado que mi dormitorio es contiguo a tu salón…
    
    Ella mantuvo la mirada y solo dijo “Valee…”. A lo que siguió un breve silencio que rompí yo:
    
    -¿Puedo… quizá… ayudarte con tu fantasía?
    
    Ella puso cara de asombro, pero no contestó inmediatamente.
    
    -¿Es una pregunta o una afirmación? -Contestó ella un poco después.
    
    Yo, nervioso como nunca, me lancé:
    
    -Es una afirmación. Yo puedo hacer lo que tú quieres…
    
    Ella me miró fijamente y me sostuvo la mirada. Parecía que ninguno de los dos respirábamos…
    
    -Entra, ¿me prometes que no me decepcionaras o voy a tener que atarte?
    
    Me quedé sin habla y no supe contestar. “Las dos cosas” pensé.
    
    -Puedes atarme si quieres, pero prometo estar a la altura.
    
    Ella avanzó hasta su habitación guiándome. Se quitó los pantalones de pijama al entrar a su habitación y anduvo hasta la cama en tanga. No dejaba de mirar como yo le miraba el culo. Un culo grande, menos moreno que el resto del cuerpo, perfilado por un tanga negro que se perdía entre aquellas nalgas…
    
    -Puedes ponerte un cojín si quieres… -dijo mientras se arrodillaba en la cama.
    
    Hice lo que me dijo y me puse de rodillas en el suelo. Ella aún no se había agachado y tenía sus pies cerca de mi cara. Su culo estaba cerca de mi cabeza y parecía inmenso…
    
    -¿Un besito de buena suerte? -Dijo mientras me ponía un ...
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