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SECRETOS DE SANGRE, capítulo 1
Fecha: 03/07/2026, Categorías: Incesto Autor: ghost, Fuente: TodoRelatos
... simplemente señaló hacia el cielo. “Estaba mirando las estrellas. Son tan hermosas y lejanas,” respondió, sintiendo una extraña conexión con el universo en ese momento. Su tía se acercó a él, su presencia llenando el espacio entre ellos. “A veces, desearía ser una de esas estrellas,” murmuró, su voz apenas un susurro. “Para poder brillar muy lejos de aquí, lejos de todo esto.” Ichida la miró, sorprendido por la profundidad de sus palabras. “¿Por qué, tía? ¿No eres feliz aquí?” preguntó, su preocupación genuina. La tía suspiró, sus ojos reflejando la luz de las estrellas. “Hay veces que me siento atrapada, Ichida. Como si estuviera viviendo la vida de alguien más, no la mía.” Mientras hablaba, se acomodó en el banco junto a él, su vestido subiendo ligeramente, revelando un atisbo de su ropa interior. Ichida, nervioso, intentó no mirar, pero la visión fugaz quedó grabada en su mente. La tía, notando su incomodidad, sonrió tristemente. “Te gusta, ¿verdad?” preguntó, refiriéndose a su ropa interior. Ichida, atrapado entre la vergüenza y el deseo, respondió con una voz temblorosa: “Es un color muy lindo.” La conversación continuó, fluyendo con una naturalidad que ambos apreciaban, pero también con una tensión subyacente que ninguno podía ignorar. La fiesta finalmente llegó a su fin, y cuando intentaron buscar al esposo de la tía, descubrieron que se había ido, dejando a su esposa sola para enfrentar la noche. Con una mezcla de alivio y preocupación, la tía y ...
... Ichida decidieron caminar de regreso a casa por el sendero oscuro que bordeaba el jardín. La noche, envuelta en un manto de misterio, los rodeaba mientras caminaban por el sendero oscuro. La luz de la luna, filtrándose entre las ramas de los árboles, creaba un juego de sombras y luces que bailaba a su alrededor. Ichida y su tía, sumidos en una conversación que rozaba lo íntimo, se movían con una familiaridad que, sin embargo, escondía una tensión creciente. De repente, la tía se detuvo, su mano apretando ligeramente la de Ichida. “Ichida, tengo ganas de orinar,” susurró, su voz teñida de una mezcla de vergüenza y alivio. Ichida, siempre atento a sus necesidades, señaló un pequeño claro entre los árboles. “Ahí, tía. Nadie te verá,” respondió, su tono tranquilo y seguro. La tía, con una sonrisa agradecida, le tomó la mano y lo llevó con ella hacia el claro. La oscuridad, aunque intensa, no era opaca, y la luz de la luna se filtraba lo suficiente como para revelar contornos y sombras. La tía, con movimientos lentos y deliberados, se levantó el vestido, revelando sus piernas suaves y torneadas. Ichida, incapaz de apartar la mirada, observó cómo se bajaba lentamente la ropa interior, dejando al descubierto su vagina. La visión era hipnótica; sus labios vaginales, de un rosa suave y tentador, estaban ligeramente hinchados y brillantes, como si invitaran a ser explorados. El vello púbico, recortado y oscuro, enmarcaba su sexo de una manera que lo hacía parecer aún más ...