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Vecinas
Fecha: 06/07/2026, Categorías: Lesbianas Autor: ventura, Fuente: TodoRelatos
No era la primera vez que mi vecina Luisa me invitaba a tomar un café con ella en su casa y yo aceptaba con mucho gusto porque era agradable estar con ella y me era confortable su compañía. Y allí nos encontrábamos, charlando tranquilamente sentadas en el sofá de su salón, cuando de pronto me suelta una pregunta: -A ver Merche, ¿tú, cuanto tiempo hace que no follas? No venía a cuento esa pregunta tal como llevábamos la conversación y además en esos términos tan vulgares. Así que le contesté: -Pero Luisa, ¿a qué viene esa pregunta?, ¿tú estas bien? -Pues no, al parecer no estoy bien porque de pronto me ha venido a la mente el tiempo que hace que no follo y me parece que las dos estamos en la misma situación. El caso es que no tengo ganas de mantener relaciones con un hombre ¿A ti te pasa lo mismo? Sí que las dos vivíamos solas sin ningún hombre a nuestro lado. Por una parte yo soy viuda desde hace tres años y el único hijo que tengo vive su vida fuera de esta ciudad. Por parte de Luisa, se separó de su marido más o menos por las mismas fechas que enviudé y también tiene un hijo con la misma particularidad que el mío. Y sí que en verdad que en todo este tiempo, tras la muerte de mi marido, después de una larga enfermedad, no he mantenido ninguna relación con otro hombre y de momento, ni siquiera me lo había planteado. Por lo que decía, las dos estábamos en la misma situación. No sabía que contestarle y fue ella la que rompió mi silencio. -Mira, Marta, no ...
... me digas nada si no quieres, yo te veo pero que muy bien. Estás más que apetecible y si te lo propones no te faltará con quien poder desfogarte. Vaya, sí que me tenía en buena consideración y en verdad que a mis cuarenta y seis años me encontraba bastante bien. No se podía decir que ella no estuviese bien corporalmente y tenía que responder a su cumplido. -Pues para serte sincera, tú te conservas divinamente y cuando tengas ganas tampoco te faltará con quien estar. Además tú eres más lanzada que yo. Lo que siguió a mis palabras no lo esperaba ni harta de vino. Estábamos en el sofá una muy cerca de la otra y las manos de mi vecina se posaron a ambos lados de mi cara y su boca se acercó a la mía propinándome un beso, al cual tuve que poner freno porque sus labios no se apartaban de los míos. -¡Qué haces, Luisa! –exclamé. -Lo que ves, lanzarme hacia la persona con la que quiero estar. -Pero, ¿no hablabas de estar con hombres? -Yo hablaba de estar con quien me agrade y estar contigo me apetece y mucho. Lo que faltaba, en ningún momento de mi vida había pensado en ser apetecida por una mujer. El caso fue que ese beso, aunque yo lo detuve, no me desagradó. Por otra parte, fue inesperado el recibirlo, siempre nuestros besos, al saludarnos, habían sido en las mejillas, aunque no alejados de la comisura de nuestros labios. Pero qué estaba pensando, ¿deseaba que hubieran sido en plena boca? Mejor era dar por finiquitado este dialogo y despedirme de ella para ...