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La vida (16)
Fecha: 06/07/2026, Categorías: Gays Autor: ozkar55, Fuente: SexoSinTabues30
* * *************************************** Este relato es solo una parte de una historia mayor. Si no ha leído las partes anteriores a esta, y le interesa mantener la secuencia cronológica y la integridad de la historia, puede buscar la primera parte (https://sexosintabues30.com/relatos-eroticos/gays/la-vida-1/) en mi perfil, y comenzar desde allí. Consta de 27 partes, de diferente extensión. *************************************** * * (16ta. parte) Me subió nuevamente a la pileta, completando el aseo con cuidado. Dándome el toallón, dijo “Secate bien, ya vuelvo…” y se marchó. Un par de minutos después retornó con nuestros calzoncillos en la mano. “¿Te secaste bien?” preguntó, para luego revisarme casi como lo hacía mi madre al bañarme. Él lograba confundirme con muchas de sus acciones. Lo miré con curiosidad, mientras el enrollaba una tira larga de papel higiénico “¿Qué estás por hacer?” me interesé. “Es para vos” me contestó, con lo que me dejó más en ascuas aun. “Te puede salir leche del culo todavía”. Seguí mirándolo con curiosidad. “Ponete el calzoncillo” me indicó. Cuando estaba en eso, me detuvo “Hasta ahí nomas”, se acercó por detrás mío “Abrite la zanja”. Obedecí, y sentí como él ubicaba el pliego de papel de manera tal que cubriera mi agujero y mis cantos lo sostuvieran. “Si te sale algo, el papel lo va a chupar y no te va a ensuciar los calzoncillos”. Me pareció una buena precaución. Luego me interrogó acerca de mis costumbres con la ...
... ropa sucia y me sugirió como actuar si notaba alguna mancha. También me aconsejó que decir si me dolía al caminar, “Te golpeaste jugando a la pelota” fue su idea; “¿Con esta lluvia?” indagué. “Jugamos en el patio cubierto. Total, nadie de tu casa sabe que acá no hay patio cubierto”. Y otras cosas por el estilo. ¿Me ayudaba a cubrirme o se cubría? Joaco era mi gran intriga desde después de almorzar. ¿O era un desengaño? Fuimos a reunirnos con los demás, y terminamos de vestirnos. Compartimos el mate que habían cebado; sentía las miradas expectantes que me observaban, pero no podía darme cuenta de que esperaban ver. Y así llegó la hora de salida. Disimuladamente volvimos a mezclarnos con los demás, que solo nos dedicaron alguna mirada indiferente. La lluvia, música de fondo que acompañó mi desvirgue esa tarde, había cesado al salir del centro, así que empecé a caminar rumbo a mi casa con la cabeza baja. Fuera de las paredes del lugar, todo lo sucedido comenzó a pesarme. Entonces sentí que Joaco me decía “¿Te puedo acompañar?”. “Si querés… Lo hacés todos los días…” contesté. “Sí. Pero hoy no me esperaste”. No supe que decir. “Estás enojado conmigo” afirmó. “No… no se… tal vez…” dudé, “¿Tendría que estar enojado con vos?” le solté a boca de jarro. “Tenés motivos para estarlo.Creo”, siguió él. Otra vez la incógnita; si pensaba que debería estar enojado con él, ¿por qué me siguió para preguntármelo? Caminamos un trecho en silencio, yo mirando el piso y el observándome ...