1. La chispa prohibida


    Fecha: 06/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: GRQ, Fuente: TodoRelatos

    ... quería era escapar de esa mesa.
    
    —Muy bien, Claudia —dije al fin, con un tono tranquilo, como si estuviéramos hablando de cualquier cosa—. Ahora vamos a ponerlo a prueba.
    
    Ella me miró con alarma. —¿Aquí?
    
    —Aquí —respondí, firme.
    
    Bajé la voz, clavando mis ojos en los suyos. —Quiero que te levantes, vayas a la barra y me traigas otra copa. Pero escucha bien: cuando camines, lo harás despacio, con la cabeza alta, sin mirar al suelo. Y cuando estés de pie… no quiero que cruces los brazos en ningún momento.
    
    La vi abrir los labios, temblando. —No… no puedo…
    
    —Claudia —la corté, endureciendo el tono—. Acabas de decirme que te excita obedecerme. Demuéstralo.
    
    El silencio cayó entre nosotros. Ella bajó la mirada, apretó los labios y respiró hondo. Luego, despacio, se levantó.
    
    El vestido azul se pegaba a sus curvas con cada paso. La tela se marcaba en la cadera, en el pecho, y ella lo sabía. Sentía las miradas, aunque fueran casuales, como cuchillos clavándose en la piel. Pero no cruzó los brazos. No intentó cubrirse. Caminó hasta la barra con la cabeza alta, obedeciendo al pie de la letra.
    
    Yo la seguí con la mirada, disfrutando de cada segundo.
    
    El camarero la atendió enseguida. Claudia pidió la copa con voz temblorosa y esperó, quieta, sin moverse, como yo le había ordenado. Cuando por fin volvió con el vaso en la mano, la vi con el rostro encendido, los ojos brillando con esa mezcla de rabia y deseo que tanto me gustaba.
    
    Se sentó de nuevo frente a mí, ...
    ... sin decir una palabra.
    
    Yo cogí la copa de sus manos y sonreí. —Perfecto. Lo has hecho muy bien.
    
    Ella me miró un segundo, con los labios entreabiertos, como si quisiera soltar un reproche… pero no salió nada. Bajó la vista y se quedó callada, vencida.
    
    Me incliné hacia ella, susurrando despacio. —¿Ves lo fácil que es? Una orden, y tú la cumples. Ni siquiera necesitas pensarlo demasiado. Solo obedeces.
    
    Claudia apretó los ojos un instante, temblando. Yo retiré la mano de la mesa, satisfecho. Había logrado lo que quería: otra prueba de que ya estaba atrapada.
    
    Claudia mantenía la mirada fija en la mesa, con la copa entre las manos como si necesitara un escudo. Su respiración aún estaba acelerada. Sabía lo que había hecho: se había levantado, había caminado hasta la barra, había obedecido cada una de mis instrucciones en público. Y lo había hecho sin rechistar, con el corazón golpeándole en el pecho.
    
    Yo, en cambio, estaba tranquilo, disfrutando de mi copa como si nada hubiera pasado.
    
    Me incliné un poco hacia ella. —Muy bien, Claudia —dije despacio—. Has hecho justo lo que te pedí.
    
    Ella levantó apenas la mirada, tímida, insegura. —Fue… humillante.
    
    Sonreí. —Lo sé. Y aun así lo hiciste. Eso merece una recompensa.
    
    Bajé la mano bajo la mesa, despacio, hasta posarla de nuevo sobre su muslo. Esta vez no fue para presionar, ni para intimidar. La acaricié lentamente, con un movimiento firme pero suave, ascendiendo con calma por el interior de su pierna.
    
    Claudia ...
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