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La aprendiz de puta
Fecha: 08/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Peli, Fuente: CuentoRelatos
... mi habitación, dos plantas mas abajo, mirándonos de reojo sin decidirnos a romper el encanto que había entre nosotros con palabras vacías. Nada mas entrar, al ver Jenny la botella de champan en su cubitera, se le soltó la risa, y me pregunto si había adelantado la Navidad. Yo, con una sonrisa de oreja a oreja, le respondí que era mi bebida favorita (no quise añadir que en mi país no hacía falta que fuera Navidad para beberlo). La bendita botella había roto el hielo entre nosotros, por lo que me apresure a servirle una generosa copa a Jenny mientras yo me preparaba otra igual. El brindis (por ti, por ti) no fue original, pero no teníamos necesidad de decirnos nada más, solo de mirarnos a los ojos para saber la sinceridad de esas simples palabras. -Me siento sucia… ¿puedo darme una ducha? fueron sus primeras palabras. Pues claro, le respondí, indicándole como un idiota donde estaba el lavabo. Sin duda el ejemplo más claro de la facilidad de Jenny para cambiar de niña buena a gata traviesa que puedo darles es el del momento en que, girándose en la puerta del aseo, me miró fijamente a los ojos y me dijo… ¿no vas a enjabonarme? Les juro que un escalofrío me recorrió la espalda al oír sus palabras, y ver reflejado en sus ojos de gata las mil promesas de placer que implicaban. El aseo, como ya imaginaran, no era precisamente amplio, por lo que el desvestirnos el uno al otro fue algo mitad complicado mitad divertido… y aun así Jenny consiguió que me excitara como un ...
... animal con el simple toque de sus dedos por aquí y por allá. El que se adueñara de mi rígido trasto con su manita y me metiera dentro de la ducha tirando de él como si fuera un perrito fue algo de lo mas simpático. Yo la deje hacer, pues bastante trabajo tenía tratando de abarcar sus dos magníficos melones con mis manos. Ahora que por fin los tenía solo para mi no podía dejar de manosearlos y de jugar con ellos, dedicando una especial atención a sus rígidos y duros pezones, los cuales era una delicia tener entre mis dedos. Mientras yo me divertía con su delantera ella se limpiaba la intimidad a fondo, con una entrega y meticulosidad que decía mucho acerca de lo poco que le gustaba lo que Juan le había podido dejar dentro de su conejito. Les aseguro que nunca había visto a nadie lavarse con tanto esmero y cuidado. Creo que de no haber estado allí dentro con ella habría seguido limpiándose durante horas. Pero la estrechez de la bañera hacía que mi afilado dardo se clavara en la enorme diana de su pétreo trasero cada dos por tres. Lo cual, unido a mis continuas caricias, lograron que Jenny encontrara lago mejor que meterse en su almejita que sus dedos empapados en jabón. Y vaya si lo hizo. Solo tuvo que atraparla y deslizarla entre sus piernas para que ella se metiera, casi sólita, en su cálida gruta. Me volví medio loco de lujuria cuando su férreo estuche de carne se adueñó de mi verga, y empecé a embestirla como una fiera desde atrás. Pero les aseguro que Jenny no me ...