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Food & Sperm para mi chica
Fecha: 10/07/2026, Categorías: Confesiones Autor: El Manso Embravecido, Fuente: CuentoRelatos
... un platito, una taza y una cucharilla, las coloca en la mesa y me ordena que desenfunde la verga. Yo me pongo de pie junto a ella con el rabo más tieso que un mástil y Vanesa comienza a masturbármelo. Me hace un buen ordeño. Me estruja el rabo, de dentro hacia afuera, apretando fuerte el glande en la zona uretral. Le pega unas buenas sacudidas. De vez en cuando le suelta un gargajo para lubricarlo y que fluya mejor la manuela. Yo me fijo en su cara de chica eficiente y hábil en su trabajo. Estaba concentrada. A los diez minutos empiezo a notar un cosquilleo en el capullo. La pongo sobre aviso. Vanesa apunta la polla hacia el interior de la taza y comienzo a eyacular. La cantidad de esperma que vacié me sorprendió hasta a mí. Nunca había estado tanto tiempo sin correrme y cuando lo hago, tampoco me fijo demasiado en la cantidad que expulso. Pero ahora, al hacerlo en el interior de la taza pues… –Vaya cantidad de leche condensada que me has regalado, mi amor. ¡Qué chorros de esperma tan exquisitos! Muchas gracias cariño –decía Vanesa, mientras seguía exprimiendo el nabo, hasta comprobar que ya no salían más gotas. Después hizo un café y lo vació en la taza. Con la cucharilla iba removiendo el líquido, mezclando el café con mi semen. Esperó a que enfriara algo. Mientras tanto me fue enseñando su estudio de grabación. –Voy a grabar una reseña sobre música clásica mientras sorbo el capuchino que me preparé gracias a tus huevos. Si te apetece, dentro de un ...
... rato te la cascas sobre estas magdalenas y cuando estén bien glaseadas con tu crema, me las acercas y me las como de merienda. ¡Qué majo eres Jonathan! ¡Vamos a ser muy buenos amigos! –me soltó, la muy guarra. Efectivamente, comenzó a soltar su perorata frente a una cámara que tenía colocada en un trípode. Ella estaba sentada y solo se le veía la parte de arriba. En la parte de abajo, para ponerme más cachondo y conseguir sus objetivos, estaba en bragas y con descalzas. Comenzó a hablar de “El Clave Bien Temperado” de Johann Sebastian Bach. El piloto de la cámara estaba en rojo. Yo estaba sentado frente a ella, detrás del objetivo de la cámara, escuchándole dar sus opiniones. Su cadencia de voz, su tonalidad y ademanes corporales me comenzaron a poner morcillona la polla. También ayudó el verla sorber el café, y el decir a la cámara: –Uhhh, ¡Qué rico capuchino me preparó mi chico! El cambio de marca de leche ha sido para mejor. Este productor es de mayor calidad –y me guiñó un ojo. Yo me despeloté por completo y comencé a pelármela delante de las magdalenas. Le daba fuertes tirones al rabo. Observaba su carita de niña traviesa. Sus guiños cómplices al saber cosas que sus seguidores desconocían, como por ejemplo, que había un tío cascándosela detrás de cámara. De repente me dice socarronamente: –¿Ya está la merienda preparada, cariño? Tráeme unas magdalenas glaseadas para acompañar al café, por favor. Yo me zurraba con garra la sardina para correrme antes de que ...