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La mujer de Esteban pagó la fianza
Fecha: 13/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Juan m 8722, Fuente: CuentoRelatos
... mejilla hasta el mentón. Después, por la línea de su mandíbula. El cuero estaba caliente. Duro. Pero la forma en que lo deslizaba, con esa sonrisa ladeada y los ojos semicerrados, lo convertía en otra cosa. El Gordo soltó una risa gutural. Cuca lo imitó, entre dientes, relamiéndose. Ellos eran la jauría. Ella, la presa que no corría. Ana no lloró. El contacto del miembro con sus labios le erizó el cuello, pero no por miedo. Era algo más. Algo que no quería nombrar. Algo que venía gestándose desde aquella tarde en que el cuerpo de Esteban, inerte, colgaba como un trapo entre los paramédicos. —¿Qué opina tu marido de que su mujer, una prostituta barata esta noche tenga que darle sexo oral a tres hombres? Pregunto juan, entre risas, señalando el leve estremecimiento de Ana. Ella seguía en silencio. La respiración pausada. El pecho se inflaba y desinflaba bajo la tela ajustada de la camisa blanca, que ahora estaba un poco abierta. No por accidente. El calor, la postura y el contacto habían aflojado un botón. Justo el necesario para dejar ver parte de su escote. Una sombra entre los senos que parecía invitar a mirar más allá. Pero no se cubrió. No apartó el rostro. Sostuvo la mirada de Juan. Trató de rodearlo con la mano. No pudo. Su palma y sus dedos parecían insuficientes, como si estuvieran hechos para algo menor. Apretó, y lo sintió palpitante, firme, pero con una vibración interior —como si estuviera a punto de moverse solo. Esa respuesta, inmediata y brutal, la ...
... descolocó. Lentamente se acercó y empezó a lamer el fierro de juan haciéndenlo gozar. Su lengua recorría todo su largo tronco hasta llegar a su rojo glande. Dejando rastros de saliva por toda su masculinidad. Las manos ásperas tomaron la cabeza de la tetona mujer de Esteban introduciendo su aparato en lo profundo de su boca, encontrando algún tipo resistencia a esta sucia práctica extra matrimonial por parte de esta. Ana se atragantó con el duro pedazo de golpe, como si un puñetazo se le hubiera incrustado en la garganta. Su grosor bloqueó el aire; abrió los ojos de par en par, desorbitados, como si algo dentro de ella se quebrara. Tosió sin poder emitir sonido. Las lágrimas brotaron sin control. La comisura de sus labios comenzó a chorrear saliva espesa, tibia, mezclada con restos del líquido pre seminal que no lograba tragar. Un hilo le bajó por la barbilla, sacudiéndose con cada espasmo de su cuello. Su pecho se sacudía sin aire, convulso. Los músculos de su garganta se contraían como si quisieran expulsar un nudo imposible. Su mirada fija en un punto muerto, se volvía vidriosa. La respiración se volvió un jadeo roto. Parecía que su propio cuerpo la estaba traicionando, colapsando desde adentro con una violencia muda y brutal. Sin perder tiempo, los otros dos hombres también desenfundaron, colocándose a ambos lados de Ana, uno a su derecha y otro a su izquierda. Sus manos se apoderaron de su cabeza, guiándola sin piedad, compartiendo su boca como si fuera territorio ...