-
Compartiendo más que el viaje (1 y 2)
Fecha: 17/07/2026, Categorías: Gays Autor: muscleaddict, Fuente: CuentoRelatos
... a la mierda y el ambiente estaba cargado: calor, testosterona, olor a sexo y sudor de hombre. Los dos estábamos de pie en el cuarto, completamente desnudos, con las vergas duras, venosas, palpitando, retándonos con la mirada. No había necesidad de palabras, solo instinto puro. Él fue el primero en moverse. Se sentó al borde de la cama, abriendo las piernas, su verga dura apuntando hacia arriba. Me miró y sonrió de manera sucia. —¿Qué esperas, cabrón? —me dijo. Yo me acerqué. Me paré frente a él. Empecé a jalármela, lentamente al principio, luego más rápido, mientras él también se la jalaba, sincronizándose conmigo. Los dos nos bombeábamos con fuerza, la respiración pesada, los músculos tensos, las gotas de sudor resbalando por nuestros torsos marcados. Mi objetivo era claro: vaciarme sobre su pecho, marcarlo con mi corrida caliente, dejar mi huella sobre su piel. El sonido húmedo de nuestras pajas llenaba el cuarto, mezclado con jadeos, gruñidos, gemidos de placer contenido. Él inclinó la cabeza hacia atrás, ofreciéndose, mientras yo aceleraba, sintiendo el fuego subir por mi columna, hasta que no pude más, con un gruñido salvaje, me vine sobre él. Mi corrida salió en chorros gruesos, calientes, salpicándolo en el pecho, el cuello, parte de su cara. Él jadeó al sentir el calor de mi leche marcándolo. Sin perder tiempo, mientras mi leche chorreaba por su piel, él siguió bombeándose frenéticamente, su verga palpitaba lista para explotar, me ...
... acerqué más, desafiándolo. —Hazlo sobre mí, cabrón —le dije. Él gruñó, apretó los dientes y, segundos después, se vino también. Su corrida salió con fuerza, bañándome el abdomen, los pectorales, un poco en la cara, deslizándose caliente sobre mi piel, mezclándose con el sudor y el olor a macho. Ambos quedamos jadeando, sudados, cubiertos de nuestra mezcla, compartiendo el placer más animal, más masculino, más crudo que habíamos sentido jamás. Nos miramos, sonriendo como bestias satisfechas, sin una pizca de vergüenza. Éramos dos bestias, bañadas en el resultado de nuestro placer, sudor, semen y calor cubrían nuestras pieles tensas, marcadas por el entrenamiento diario. Me miró, su respiración aún agitada, y sonrió con esa expresión de macho cabrón que no conoce límites. —Ya que estamos así… —dijo, acercándose—. Vamos a aprovecharlo, ¿no? No hubo discusión, su mano áspera se posó sobre mi abdomen, recogió parte del semen que escurría, y lo frotó sobre mi pecho, extendiéndolo como un ungüento caliente, pegajoso, masculino. Yo hice lo mismo. Puse mi mano entre su pecho duro, sus pectorales sudados y empecé a embadurnarlo con su mezcla, sintiendo la textura resbalosa entre mis dedos. Poco a poco, nuestros cuerpos se fueron juntando más, los torsos pegándose, las gotas resbalando entre nosotros, el calor volviéndose insoportable. Nos apretamos, pecho contra pecho, resbalándonos uno sobre el otro, con cada movimiento los músculos chocaban, los pezones ...