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LNE (5). Piratas del carnaval
Fecha: 19/07/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... minado. Cristina cerró los ojos y soltó una risa apenas audible. —Tus manos aún tienen miedo de tocarme —dijo, suave—. Y eso a veces excita más que la certeza. De repente, una maqueta de barco colgada del techo se balanceó sin motivo aparente, y el peluche de loro cayó justo a su lado, con un sonido hueco, como si estuviera comentando la escena. César lo apartó de una patada. Ella lo atrajo hacia sí. Le besó en la frente, luego en los labios, y cuando el beso se volvió más profundo, la música de la megafonía cambió mágicamente a “Careless Whisper” de George Michael. —¿Quién está pinchando la música? —murmuró César, sin romper el beso. —No pienses en ello. —Cristina se encogió de hombros—. Acepta las circunstancias. Cristina subió la pierna sobre la mesa, atrapándolo. El mapa del “Mar del Subtexto” cayó al suelo, pero de inmediato,. Él la acarició por dentro de las medias, cada gesto cargado de nerviosismo y electricidad. —A veces creo que te invento. Como esas sirenas que los marineros juran haber oído antes del naufragio —susurró César. —Y tú eres —dijo Cristina— como el vino dulce en una copa rota. Me embriagas, pero siempre termino sangrando. No hubo más palabras. Se besaron como si el colegio entero se hubiera desintegrado, y sus labios y lenguas se enlazaron con pasión febril, como si la cordura no existiera. Las manos, las bocas, los cuerpos encajaban por encima y por debajo de la ropa en un lenguaje que no necesitaba guion. Cristina se ...
... sentó sobre la fotocopiadora, las piernas abiertas, la falda hecha un desastre. César, de rodillas, la besaba en los muslos como si siguiera un mapa al tesoro, bajándole las medias. César, arrodillado entre sus piernas, respiraba su cercanía como si ella fuera aire robado al océano, mientras cubría la piel morena de sus muslos con besos cada vez más atrevidos. Se mezclaba en su carne ese olor a papel reciclado, tinta de pluma y deseo contenido, entretejido ahora con el leve perfume a clavo y vainilla de su disfraz de corsaria. Su blusa había caído ligeramente, mostrando el inicio de un pecho que no era exhibido, sino insinuado, como todo en Cristina: un secreto que no quiere ser revelado, pero se deja leer entre líneas. Con dedos torpes, pero cada vez más seguros, él fue deslizando el tanga por sus muslos. Ella levantó una pierna, después la otra, y las dejó colgar con la displicencia de quien entrega el control sin perder ni una pizca de poder. La sala se estrechó. O eso parecía. El decorado de cartón se desdibujaba, como si el colegio estuviera suspirando también, reacomodándose para darles espacio. Su mundo era ahora el cuerpo frente a él, La dureza pétrea de sus piernas musculosas, su vientre plano de abdominales tallados en mármol, y sobre todo el calor palpitante entre las piernas de Cristina, el olor penetrante de su coño abierto como una caracola, sus labios brillantes de flujo y de saliva, el temblor de su respiración cada vez que él subía un poco más con la ...