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LNE (5). Piratas del carnaval
Fecha: 19/07/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... boca con los labios, con su lengua incansable que se deslizaba frotando cada recoveco de esa raja rosada, con especial cuidado y énfasis en su clítoris hinchado y duro. Cristina no hablaba, pero se comunicaba con sus manos: una en el cabello de él, guiando con firmeza, rascando su nuca, sus sienes; otra sobre la fotocopiadora, apretando el mapa arrugado, dejando que el trazo de islas ficticias se tiñera de sudor. Resoplaba, gemía, volvía a resollar y jadear. César subió por su cuerpo como un náufrago extraviado, besando con ternura feroz el vientre, el pecho, sus pequeños pezones durísimos, su cuello. Al llegar a la cars, la miró por primera vez en minutos, totalmente ruborizada, perlada de gotas de sudor, los ojos oscuros destellando de deseo y placer. —¿Estás aquí? —Solo si tú también —respondió ella, con una voz que ya no era suave, sino áspera de urgencia. La respuesta no fue verbal, sino que se besaron con una pasión desaforada, voraz, mordiéndose mutuamente los labios, luchando con sus lenguas como en un duelo a espada. Y despacio, entre besos y gemidos y palabras incomprensibles, César fue deslizando su polla en su coño, como un espolón, penetrando lento al principio, pero después abriendo ese agujero angosto con un golpe seco de sus caderas, hasta meterla bien profundo,. Cristina lo acogió con un gemido sordo, apretando las piernas a su alrededor y mordiendo su hombro para no gritar, como si evitar el mundo exterior fuera parte del acto. El ritmo ...
... fue incierto en primera instancia, como una coreografía que se aprende bailando. Luego se volvió progresivamente más firme, más brutal, más urgente. La polla de César entraba y salía a empellones, provocando el crujido de la fotocopiadora que acompañaba cada embestida como un diapasón cómplice, y Cristina jadeaba en su oreja, lamiéndola, mordiéndola, arqueando el cuerpo como queriendo que entrara más y más dentro de su coño, que ardía y desbordaba de líquido y de polla. César gemía bajo, retenido, con esa necesidad de no desbordarse demasiado pronto, de aguantar hasta el momento justo, saturado del placer más que físico de estar follándose a una de las madres más deseables de todo el colegio. Y entonces llegó, como un relámpago, un cosquilleo en sus huevos, en su culo, en toda la longitud de su miembro. Y sintió el palpitar agitado del coño de Cristina, y su temblor incontrolable, y su forma de contener el aliento y proferir un gemido en su garganta, y finalmente los dos se dejaron llevar, él inundando su interior con cinco, seis, contracciones de su vientre, derramándose en un torrente caliente que le quemaba desde los huevos hasta la cabeza de su polla, y ella arañando su espalda y convulsionándose alrededor de él por lo que parecieron interminables segundos. La fotocopiadora empezó a zumbar, y con unos destellos de luz arrojó folio tras folio por la bandeja de salida, desparramándolos por el suelo. Después, todos quedaron quietos, en silencio. Él dentro de ella ...