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LNE (5). Piratas del carnaval
Fecha: 19/07/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... —sentenció Cosme. Los niños, completamente fuera de control, iniciaron la búsqueda tras encontrar el primer pergamino dentro del inodoro del baño de profesores, meticulosamente plastificado. —Pista número uno: Donde el conocimiento se hace polvo y las palabras se encarcelan… —leyó Martina. —La biblioteca —dijo César. —¡El rincón de pensar! —dijo Jimeno. —¡El despacho del director! —gritó otro niño. —No, eso ahora es "La Cámara de los Juicios Arbitrarios" —corrigió Jorge. El caos se expandió por los pasillos como una epidemia de azúcar glasé. Equipos se formaron de manera espontánea. Algunos niños entraron en el aula de infantil y se atrincheraron, creyendo haber encontrado la cueva secreta del tesoro. Inés organizó un sistema de puntos, etiquetas y Power Points que nadie entendió. Al rato, se perdió entre dos toldos y terminó encerrada en el armario de la limpieza con un mapa dibujado en lápiz de ojos. Marisa, que lideraba un grupo compuesto por su hija, tres niños hiperactivos y una gallina inflable que nadie recordaba haber traído, encontró una pista detrás del retrato de Blissot que presidía el pasillo de primaria. —Aquí dice: Donde la luz entra, pero el saber no sale… —La sala de audiovisuales —aventuró Inés. —El despacho de Jimena —susurró César. —Jimena ya no está, ¿recuerdas?—dijo Inés, arqueando una ceja—. Se fue después de lo del taller de yoga expresivo y las lentejas en el techo. *** Marian, en el baño de chicas de ...
... segundo piso, se ajustó el corset de terciopelo rojo con tanto esfuerzo que casi se quedó sin aire. Era el tercer reajuste de meterse en aquel disfraz de pirata talla “única” —una talla que claramente no contemplaba cuerpos como el suyo: voluptuoso, abundante, con curvas como olas generosas. Pero ella se miró al espejo, se acomodó el sombrero de tres picos y sonrió. Encontró a César en la sala de audiovisuales, rebautizada como Cofia de Vigía Capacitista, perdiendo el tiempo con aquella estúpida búsqueda del tesoro. Su traje era más bien una mezcla entre Jack Sparrow y un actor de telenovela con exceso de complementos. —Capitana Marian —dijo él con un acento inglés malísimo—, creo que me ha saqueado el corazón. —Y ahora voy por tus joyas —replicó ella, mordiéndose el labio con una sonrisa traviesa. La tensión era tan densa como la niebla de película de piratas. Se acercaron lentamente, como si caminaran por una tabla que los llevaba directo al archipiélago de la locura. El primer beso fue torpe —el parche en el ojo de César no ayudaba—, pero pronto encontraron el ritmo, entre risas y caricias. Sus cuerpos se reconocían con una familiaridad traviesa, como si ya supieran a qué puerto querían llegar. —¿Estás seguro que esto es una brújula? —bromeó Marian mientras le bajaba los pantalones de imitación a lino. —Capitana… estás entrando en aguas profundas —jadeó César, entre divertido y desarmado. Ella se arrodilló lentamente en el suelo de hule, clavando la mirada ...