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LNE (5). Piratas del carnaval
Fecha: 19/07/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Schizoid, Fuente: TodoRelatos
... en él con una mezcla de deseo y picardía. —Entonces prepárate, capitán. Porque esta boca no pide permiso. No hacían falta más palabras. Solo el crujido del corset, el sonido de las olas imaginarias y los suspiros de ambos llenando la habitación como un cántico de sirenass. César se apoyó contra la mesa del proyector como si fuera el mástil de un barco vencido por la tormenta, su respiración ya un poco descompasada, los ojos brillantes de expectación. Marian, de rodillas frente a él, sonrió de lado. Sabía perfectamente que tenía el timón ahora. —No te muevas, grumete —le dijo con voz suave y firme, acariciando con la yema de los dedos el borde de su pantalón abierto—. Vas a descubrir lo que es navegar sin manos. César dejó escapar una carcajada, pero se le cortó en seco cuando sintió los labios de Marian rozarle suavemente, apenas un contacto, como si una pluma hubiese pasado por su piel. Cerró los ojos. Ella estaba jugando, y él ya había entregado el mando sin dudar. Marian era meticulosa. No tenía prisa, ni inseguridades. No cuando se trataba de comerse una polla. Le encantaba la manera en que César se retorcía levemente, conteniendo los gemidos que amenazaban con escaparse en cada caricia. Ella usaba sus labios como una artista, saboreando, provocando, respirando cerca, apenas tocando su miembro erecto, sus huevos hinchados, solo acariciando con sus labios y su lengua lo justo para hacer que él se aferrara al borde del la mesa como si estuviera a punto de ...
... ser arrastrado por la marea. —Por la pata de palo… —jadeó él, riéndose sin fuerzas—. ¿Siempre fuiste tan… dedicada a la causa? —Me tomo muy en serio mis tesoros —le respondió ella, lamiéndose el labio inferior con descaro. Las manos de Marian se apoyaban en sus muslos, firmes, seguras, y entonces sí, se metió la polla de César en la boca, gruesa, durísima, paladeando el sabor salado y caliente, notando su tamaño que ya conocía tan bien, cosquilleando con la punta de su lengua su glande antes de tragársela hasta la mitad, moviendo con calma la cabeza, usando su saliva para que resbalara bien firme entre sus labios. Cada movimiento era una mezcla de ternura y provocación. Jugaba con el ritmo, con las pausas. Con la boca, con la mirada. Subía la intensidad como quien canta una canción lenta que se vuelve irresistible. César, por su parte, era un naufrago feliz. Las palabras se le deshacían en la boca. Su cuerpo entero respondía a cada gesto de Marian con estremecimientos casi involuntarios, disfrutando de la calidez, la presión justa, la entrega total de quien se sabía deseado. En un momento, ella lo miró desde abajo, rubia y gloriosa, con el maquillaje un poco corrido y el corset empapado de deseo, y le dijo, sacándose la verga de la boca. —¿Sabes qué es lo mejor de este mapa del tesoro? —¿Qué? —Que el final siempre es feliz. Pero… me gusta tomar desvíos. Él rió de nuevo, ya rendido, y dejó caer la cabeza hacia atrás. —Capitana… promueve usted la ...