-
Órbita privada
Fecha: 20/07/2026, Categorías: Sexo en Grupo Autor: Elena VH, Fuente: TodoRelatos
La estación Ares-7 flotaba en un silencio absoluto, roto solo por el zumbido constante de los sistemas de soporte vital. Afuera, Marte giraba lentamente, como un reloj cósmico indiferente a la espera de los tres ocupantes atrapados en su órbita. Lara se acostumbró pronto a la rutina: revisar los paneles de energía, cuidar el huerto hidropónico, registrar datos para el Centro de Mando Orbital. Ethan, más metódico, dedicaba horas al mantenimiento estructural, mientras Daichi dividía su tiempo entre los experimentos médicos y un obsesivo control de su propio estado físico. Los primeros meses fueron fáciles: charlas sobre sus familias en la Tierra, comidas rápidas en el módulo de cocina, turnos en la cinta de correr. Pero la avería del módulo de acoplamiento cambió todo. Las misiones de rescate no podrían alcanzarlos antes de cuatro años. La Ares-7 era amplia, pero no lo suficiente para ignorar la presencia constante de los otros. Hasta las zonas privadas eran un eufemismo: cortinas en lugar de puertas, paredes delgadas, ecos inevitables. Por eso la Sala 4 —destinada originalmente a teleconferencias— se convirtió en un refugio improvisado. Una noche, tras una cena regada con el vino reciclado que Ethan había improvisado con extractos de frutas liofilizadas, las conversaciones se desviaron. Lara, con una media sonrisa, comentó que la carpeta de entretenimiento de la estación parecía diseñada solo para hombres. Ethan y Daichi rieron, admitiendo que ya se la habían ...
... visto entera. Hubo bromas, silencios y miradas que flotaban tanto como ellos en el aire. Lara cruzó las piernas despacio, jugando con la copa entre los dedos. —Quizá podríamos… —dejó la frase en suspenso. Ethan la miró como quien espera una señal. Daichi arqueó una ceja. —¿Podríamos qué? —preguntó. Lara se dejó caer en uno de los asientos anclados al suelo magnético, girando lentamente sobre sí misma. Afuera, el planeta rojo parecía observarlos. —Podríamos… dejar de fingir que todo es solo trabajo —dijo finalmente—. Aquí no hay jefes que nos vigilen cada segundo. Ethan apoyó los codos sobre la mesa, sonriendo con ese gesto seguro que usaba en las reuniones de mando. —¿Estás sugiriendo que… nos entretengamos de otra manera? Daichi no dijo nada, pero sus ojos oscuros permanecieron fijos en ella. Lara se giró hacia el módulo de control y pulsó un par de teclas; la pantalla enorme de la Sala 4 se encendió mostrando el menú de archivos privados. —Lo que hay aquí es aburrido —dijo—. Y predecible. Nadie respondió. Solo se escuchaba el suave golpeteo de la circulación de aire. Lara se impulsó con los pies y flotó hasta quedar junto a la pantalla, su cabello negro flotando como un halo en la ingravidez. —Lo que me pregunto —continuó— es si vamos a pasar cuatro años repitiendo las mismas rutinas… o si vamos a atrevernos a probar algo nuevo. Ethan soltó una risa breve. —¿Como qué? —Como dejar de mirar estas películas y… —Lara dejó que la pausa ...