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La Montura 3
Fecha: 21/07/2026, Categorías: Dominación / BDSM Autor: Birkin1990, Fuente: TodoRelatos
... tocaba hacía una década, el gusano rojo de la curiosidad mordió: ¿Qué sentiría una mano ajena tocando? Molly (22, estudiante de arte) palideció, pero sus pupilas se dilataron como ante un lienzo prohibido. En secreto, sus cuadernos escondían bocetos obscenos. Aquella noche, mientras pintaba sus uñas de rojo, se susurró para si misma: —¿Y si... se vuelve arte? Medianoche en la habitación. Elara las esperaba vestida solo con el velo nupcial y botas de montar. Detrás, Teo, silueta recortada contra la luna llena, frotando un cinturón de cuero entre sus manos. —No es obligatorio— dijo Elara, deslizando máscaras de yegua sobre la cama. —Pero si se quedan... serán parte de algo sagrado. Gema tocó la máscara gris, sintiendo el cuero áspero como una culpa. Molly ya sostenía la marrón, temblando. Cuando Teo desabrochó su camisa, Molly gimió. Un sonido ahogado, animal. Gema vio cómo los ojos de su hija menor se nublaban de lujuria... y entonces sintió el calor entre sus propias piernas. Vieja vergüenza. Nuevo fuego. —Pruébenlo— susurró Elara, ofreciendo el látigo a su madre. —Un golpe a Molly. Solo uno. Gema lo tomó. El mango de madera pesaba. Molly se arrodilló instintivamente, nalgas al aire, esperando. ¡Crack! El sonido fue un disparo en la noche. Molly gritó... pero ...
... luego rió, loca de alivio. Gema respiró hondo, sintiendo por primera vez en veinte años poder. —Ahora tú, madre— ordenó Teo, señalando el banco. Y así comenzó la consagración: ·Molly fue la primera en ser "ensillada", mordiendo el cuero mientras Teo la tomaba por detrás, gritando entre lágrimas: "¡Soy potranca, soy potranca!". ·Gema, viendo a su hija menor transformarse, ofreció sus muñecas a las esposas: "Átame. Antes de que me arrepienta." Cuando Teo la penetró contra el colchón, Gema no lloró por su esposo muerto. Gritó por el hombre que la resucitaba: —¡Dame más, amo! ¡Esta yegua vieja aún galopa! Elara observaba, acariciándose mientras bebía champagne. Cada gemido de su madre, cada estremecimiento de su hermana, eran sus orgasmos. Al amanecer, las tres yeguas dormitaban, piel marcada, Teo abrazó a Elara: —Tu regalo fue el más valioso: no solo tu sumisión... sino tu instinto para cazar almas. Y en el álbum secreto, una foto capturó el instante preciso donde Gema y Molly, de rodillas, alargando los cuellos para besar los zapatos de Teo. Elara sonreía tras ellos, con el brillo de una cazadora que sabe que ha entregado la mejor presa. Porque algunas familias heredan plata. Otras, joyas. Los Zabaleta heredaron deseo. Y el deseo, bien domado, es el más cálido.